sábado, 30 de mayo de 2015

EL COLOR DEL CHURRINCHE

EL COLOR DEL CHURRINCHE



Ulian era un indiecito que tenía la capacidad de hablar con las plantas y los animales del bosque, y cierto día encontró un pequeño pajarito gris llorando tan desconsolado que quiso saber qué le pasaba. El churrinche, tal era el nombre de la solitaria ave, le dijo que se sentía triste, feo y avergonzado porque todo su plumaje era gris y los demás pájaros lo consideraban insignificante. Ulian trató de convencerlo de que era tan útil y bello como los demás pájaros, pero el churrinche no quería creerle.
Mientras ambos conversaban, desde la espesura del bosque los observaba un gigante malvado que hacía tiempo codiciaba las habilidades mágicas de Ulian. El ogro sentía tanto el odio y envidia por los poderes del indiecito que había decidido matarlo. En un abrir y cerrar de ojos capturó al niño, lo llevó a una cueva, tapó la entrada con una gran piedra.
Todo parecía anunciar un triste final para la vida de Ulian, pero el churrinche encontró una pequeña hendidura sin tapar, y por allí se coló al interior de la caverna. Con su débil pico intentó desatar las cuerdas que inmovilizaban al prisionero, pero tenía tan poca fuerza que no pudo conseguir nada. Cuando el gigante se dio cuenta de su presencia, lanzó un rugido tan fuerte que le arrancó todas las plumas del copete. Ulian le pidió que buscara la ayuda de los habitantes del bosque, y el pajarito escapó raudamente. Cuando llegó a un claro en el que se reunían los animales, olvidó su vergüenza y les contó lo que pasaba.
Los animales rápidamente idearon un plan para rescatar a su amigo: el tucutuco cavaría un túnel desde su guarida hasta la cueva y por él sacarían a Ulian. Cuando se hizo de noche el tucutuco comenzó a cavar, y los demás animales le ayudaron a sacar la tierra y despejar el túnel. Cuando por fin llegaron a las paredes de la caverna, escucharon unos golpecitos que Ulian pegaba con los talones para indicar su posición y, en el mayor silencio, el tucutuco cavó un gran orificio.
El churrinche, mientras tanto, se había vuelto a meter en la cueva para hacerle compañía a Ulian. Los animales decidieron arrastrar al prisionero, todavía atado y amordazado, por el túnel recién cavado. Cuando estaban por iniciar la marcha, el gigante despertó y lanzó un feroz rugido. El churrinche se asustó mucho pero pensó que debía dar aviso a sus amigos, así que intentó gritar tan fuerte como el gigante. El ogro se enfureció tanto con ese ruido que arrojó una gruesa espina que se clavó profundamente en el pecho del pájaro, y luego se dedicó a perseguirlo. Los demás animales aprovecharon para proseguir con el rescate, y cuando estuvo seguro de que Ulian estaba a salvo, el churrinche voló hasta un chañar donde cayó desmayado.

Una calandria lo recogió y lo llevó ante Ulian que, con unos pocos pases mágicos, lo curó. Era tanta la gratitud que el indiecito sentía por el sacrificio del pajarito que decidió embellecerlo con el color de la sangre que había brotado del pequeño pecho, en clara muestra de su coraje y valentía. Y así, desde ese día, el churrinche de triste plumaje gris tiene un brillante color rojo que es la envidia de las demás aves.

LA BELLA DURMIENTE DEL BOSQUE

LA BELLA DURMIENTE DEL BOSQUE

 

 

Hace muchos años vivían un rey y una reina quienes cada día decían:
-"¡Ah, si al menos tuviéramos un hijo!"-
Pero el hijo no llegaba. Sin embargo, una vez que la reina tomaba un baño, una rana saltó del agua a la tierra, y le dijo:
-"Tu deseo será realizado y antes de un año, tendrás una hija."-
Lo que dijo la rana se hizo realidad, y la reina tuvo una niña tan preciosa que el rey no podía ocultar su gran dicha, y ordenó una fiesta. Él no solamente invitó a sus familiares, amigos y conocidos, sino también a un grupo de hadas, para que ellas fueran amables y generosas con la niña. Eran trece estas hadas en su reino, pero solamente tenía doce platos de oro para servir en la cena, así que tuvo que prescindir de una de ellas. 
La fiesta se llevó a cabo con el máximo esplendor, y cuando llegó a su fin, las hadas fueron obsequiando a la niña con los mejores y más portentosos regalos que pudieron: una le regaló la Virtud, otra la Belleza, la siguiente Riquezas, y así todas las demás, con todo lo que alguien pudiera desear en el mundo. 
Cuando la decimoprimera de ellas había dado sus obsequios, entró de pronto la decimotercera. Ella quería vengarse por no haber sido invitada, y sin ningún aviso, y sin mirar a nadie, gritó con voz bien fuerte:
-"¡La hija del rey, cuando cumpla sus quince años, se punzará con un huso de hilar, y caerá muerta inmediatamente!"-
Y sin más decir, dio media vuelta y abandonó el salón.
Todos quedaron atónitos, pero la duodécima, que aún no había anunciado su obsequio, se puso al frente, y aunque no podía evitar la malvada sentencia, sí podía disminuirla, y dijo:
-"¡Ella no morirá, pero entrará en un profundo sueño por cien años!"-
El rey trataba por todos los medios de evitar aquella desdicha para la joven. Dio órdenes para que toda máquina hilandera o huso en el reino fuera destruido. Mientras tanto, los regalos de las otras doce hadas, se cumplían plenamente en aquella joven. Así ella era hermosa, modesta, de buena naturaleza y sabia, y cuanta persona la conocía, la llegaba a querer profundamente.
Sucedió que en el mismo día en que cumplía sus quince años, el rey y la reina no se encontraban en casa, y la doncella estaba sola en palacio. Así que ella fue recorriendo todo sitio que pudo, miraba las habitaciones y los dormitorios como ella quiso, y al final llegó a una vieja torre. Ella subió por las angostas escaleras de caracol hasta llegar a una pequeña puerta. Una vieja llave estaba en la cerradura, y cuando la giró, la puerta súbitamente se abrió. En el cuarto estaba una anciana sentada frente a un huso, muy ocupada hilando su lino.
-"Buen día, señora."- dijo la hija del rey, -"¿Qué haces con eso?"- 
-"Estoy hilando."- dijo la anciana, y movió su cabeza.
-"¿Qué es esa cosa que da vueltas sonando tan lindo?"- dijo la joven.
Y ella tomó el huso y quiso hilar también. Pero nada más había tocado el huso, cuando el mágico decreto se cumplió, y ella se punzó el dedo con él.
               


En cuanto sintió el pinchazo, cayó sobre una cama que estaba allí, y entró en un profundo sueño. Y ese sueño se hizo extensivo para todo el territorio del palacio. El rey y la reina quienes estaban justo llegando a casa, y habían entrado al gran salón, quedaron dormidos, y toda la corte con ellos. Los caballos también se durmieron en el establo, los perros en el césped, las palomas en los aleros del techo, las moscas en las paredes, incluso el fuego del hogar que bien flameaba, quedó sin calor, la carne que se estaba asando paró de asarse, y el cocinero que en ese momento iba a jalarle el pelo al  joven ayudante por haber olvidado algo, lo dejó y quedó dormido. El viento se detuvo, y en los árboles cercanos al castillo, ni una hoja se movía.
Pero alrededor del castillo comenzó a crecer una red de espinos, que cada año se hacían más y más grandes, tanto que lo rodearon y cubrieron totalmente, de modo que nada de él se veía, ni siquiera una bandera que estaba sobre el techo. Pero la historia de la bella durmiente "Preciosa Rosa", que así la habían llamado, se corrió por toda la región, de modo que de tiempo en tiempo hijos de reyes llegaban y trataban de atravesar el muro de espinos queriendo alcanzar el castillo. Pero era imposible, pues los espinos se unían tan fuertemente como si tuvieran manos, y los jóvenes eran atrapados por ellos, y sin poderse liberar, obtenían una miserable muerte.
Y pasados cien años, otro príncipe llegó también al lugar, y oyó a un anciano hablando sobre la cortina de espinos, y que se decía que detrás de los espinos se escondía una bellísima princesa, llamada Preciosa Rosa, quien ha estado dormida por cien años, y que también el rey, la reina y toda la corte se durmieron por igual. Y además había oído de su abuelo, que muchos hijos de reyes habían venido y tratado de atravesar el muro de espinos, pero quedaban pegados en ellos y tenían una muerte sin piedad. Entonces el joven príncipe dijo:
-"No tengo miedo, iré y veré a la bella Preciosa Rosa."-
El buen anciano trató de disuadirlo lo más que pudo, pero el joven no hizo caso a  sus advertencias.
Pero en esa fecha los cien años ya se habían cumplido, y el día en que Preciosa Rosa debía despertar había llegado. Cuando el príncipe se acercó a donde estaba el  muro de espinas, no había otra cosa más que bellísimas flores, que se apartaban unas de otras de común acuerdo, y dejaban pasar al príncipe sin herirlo, y luego se juntaban de nuevo detrás de él como formando una cerca.
En el establo del castillo él vio a los caballos y en los céspedes a los perros de caza con pintas yaciendo dormidos, en los aleros del techo estaban las palomas con sus cabezas bajo sus alas. Y cuando entró al palacio, las moscas estaban dormidas sobre las paredes, el cocinero en la cocina aún tenía extendida su mano para regañar al ayudante, y la criada estaba sentada con la gallina negra que tenía lista para desplumar.
Él siguió avanzando, y en el gran salón vio a toda la corte yaciendo dormida, y por el trono estaban el rey y la reina.
Avanzó aún más, y todo estaba tan silencioso que un respiro podía oírse, y por fin llegó hasta la torre y abrió la puerta del pequeño cuarto donde Preciosa Rosa estaba dormida. Ahí yacía, tan hermosa que él no podía mirar para otro lado, entonces se detuvo y la besó. Pero tan pronto la besó, Preciosa Rosa abrió sus ojos y despertó, y lo miró muy dulcemente.

Entonces ambos bajaron juntos, y el rey y la reina despertaron, y toda la corte, y se miraban unos a otros con gran asombro. Y los caballos en el establo se levantaron y se sacudieron. Los perros cazadores saltaron y menearon sus colas, las palomas en los aleros del techo sacaron sus cabezas de debajo de las alas, miraron alrededor y volaron al cielo abierto. Las moscas de la pared revolotearon de nuevo. El fuego del hogar alzó sus llamas y cocinó la carne, y el cocinero le jaló los pelos al ayudante de tal manera que hasta gritó, y la criada desplumó la gallina dejándola lista para el cocido.
Días después se celebró la boda del príncipe y Preciosa Rosa con todo esplendor, y vivieron muy felices hasta el fin de sus vidas.
Enseñanza:
Cuando las circunstancias son propicias, las dificultades se desvanecen.


viernes, 29 de mayo de 2015

LA LEYENDA DEL BERMEJO Y EL PILCOMAYO

LA LEYENDA DEL BERMEJO Y EL PILCOMAYO



Cuenta la leyenda que, después de la creación, Tupá (Dios) confió a Guarán la administración del Gran Chaco, que se extendía más allá de la selva. Y Guarán comenzó la gran tarea. Cuidó de la fauna y la flora, de la tierra y de los montes, y también gobernó sabiamente a su pueblo, logrando una verdadera civilización. Guarán tuvo dos hijos: Tuvichavé, el mayor, que era impetuoso y decidido; y Michiveva, el menor más reposado y pacífico.
Guarán, antes de morir, entregó a sus hijos la administración del Gran Chaco, y fue  entonces cuando comenzaron las peleas entre los dos hermanos, ya que ambos tenían opiniones diferentes respecto de cómo manejar los asuntos de la región.
Un día apareció Aña (genio del mal) quien les aconsejó que compitieran entre sí con destreza para resolver las cuestiones que los enfrentaban. Tuvichavé y Michiveva, cegados por sus diferencias, decidieron hacerle caso. Subieron a los cerros que lindaban con el Gran Chaco y, para disputar su hegemonía sobre el territorio, acordaron realizar diversas pruebas de habilidad. En una de esas pruebas, Michiveva lanzó una flecha contra un árbol que servía de blanco, pero Añá hizo de las suyas, y la flecha fue a dar en el corazón de Tuvichavé. Al instante, la sangre brotó con fuerza y comenzó a bajar por los cerros, internándose en el Chaco y dando nacimiento a un río de color rojo: el Bermejo.
Al darse cuenta de lo que había hecho, Michiveya lloró. Y lloró tanto, que sus lágrimas corrieron tras el río de sangre de su hermano Así se formó el Pilcomayo, siempre a la par del Bermejo.

El Gran Chaco quedó sin jefe, pero siguió prosperando bajo el cuidado de la naturaleza, regado por las aguas de los dos grandes ríos.

HERMANO Y HERMANA

HERMANO Y HERMANA  


Un hermano tomo de la mano a su hermana y le dijo:
-"Desde que nuestra madre murió no hemos tenido felicidad. Nuestra tutora nos golpea a diario, y si nos acercamos a ella, nos patea con sus pies. Nuestras comidas es el pan viejo que sobró días antes, y el perrito que se sienta bajo la mesa lo pasa mejor que nosotros, pues a menudo le tira una buena porción. Que el Cielo tenga piedad de nosotros. ¡Si sólo lo supiera nuestra madre! Ven hermana, tomemos esta canasta con algunas frutas y vamos a recorrer el ancho mundo"-
Caminaron todo el día por verdes campos y praderas, y lugares pedregosos, y cuando empezó a llover la hermana dijo:
-"El Cielo y nuestros corazones están llorando juntos."-
Al anochecer llegaron a un gran bosque, y estaban tan cansados por la tristeza, el hambre y la larga caminata que se acurrucaron en un hueco y se durmieron.
Cuando al día siguiente despertaron, ya el sol estaba en lo alto, y brillaba caliente entre los árboles. Entonces el hermano dijo:
-"Hermana, tengo sed, si llego a encontrar alguna pequeña naciente, iré y tomaré agua. Me parece escuchar una corriendo cerca."-
El hermano se levantó y tomando a su hermana por la mano, salieron a buscar la naciente.
Pero la malvada tutora era una hechicera, y notó que los jóvenes se habían ido, y los siguió sigilosamente, como lo hacen las hechiceras, y embrujó a todas las nacientes del bosque.
Ahora que ellos habían encontrado una naciente brillante y salpicante sobre las piedras, el hermano iba a beber agua de ella, pero la hermana oyó un murmullo en la corriente que decía: 
-"¡Quien beba de mí, se convertirá en tigre, quien beba de mí, se convertirá en tigre!"-
Entonces ella gritó:
-"¡Te lo ruego querido hermano, no bebas, o te convertirás en una bestia salvaje y me harías trizas."-
El hermano no bebió, aunque estaba muy sediento, pero dijo:
-"Esperaré por el próximo arroyo."-
Cuando llegaron al siguiente arroyo, la hermana oyó al arroyo que también decía:
-"¡Quien beba de mí, se volverá lobo, quien beba de mí, se volverá lobo!"-
Entonces la hermana gritó:
-"¡Te lo ruego querido hermano, no bebas, o te volverás lobo y me devorarás!"-
El hermano no bebió, pero dijo:
-"Esperaré una vez más hasta el próximo arroyo, pero entonces beberé, no importa lo que digas, ya que mi sed es muy grande."-
Y cuando llegaron al tercer arroyo, la hermana escuchó su susurro que decía:
-"¡Quien beba de mí, se convertirá en corso, quien beba de mí, se convertirá en corso!"-
Entonces ella gritó:
-"¡Te lo ruego querido hermano, no bebas, o te convertirás en corso y me abandonarás!"-
Pero el hermano se arrodilló de una vez sobre el arroyo, y apenas había empezado a tomar un sorbo del agua, cuando se convirtió allí mismo en un joven corso.
Y ahora la hermana lloró sobre su pobre hermano embrujado, y el pequeño animal lloró también, y se sentó junto a ella. Pero al fin la joven dijo:
-"¡Quédate tranquilo querido corsito, yo nunca, nunca te dejaré!"-
Ella se soltó su prendedor de oro y lo puso en una suave cuerda, lo anudó muy bien y se lo colocó al corso alrededor del cuello. Con eso ella se mantuvo unida con el pequeño animal y lo dirigía, y se adentraron más profundamente en el bosque. 
Y cuando ya habían caminado un largo trecho, llegaron a una pequeña casa, y la joven se asomó. Estaba vacía y ella pensó:
-"Podemos quedarnos aquí y vivir."-
Entonces ella buscó hojas y musgo para hacer una cama para el corso, y cada mañana salía y conseguía raíces y bayas para ella misma, y pasto tierno para el corso, quien comía de su mano, y muy contento jugueteaba a su alrededor. Al anochecer, cuando la hermana estaba cansada, y después de decir sus oraciones, ella posaba su cabeza sobre el lomo del corso como si fuera almohada, y se dormía suavemente allí. Y si solamente su hermano tuviera la forma humana, todo sería una vida feliz .
Siguieron así solos por un tiempo dentro de la foresta. Pero sucedió que un día el rey organizó una gran cacería en el bosque. Entonces el sonido de las cornetas, el ladrido de los perros, y los alegres gritos de los cazadores, se propagaban entre los árboles, y el corso los escuchó, y se puso muy ansioso por estar allá.
-"¡Oh!"- le dijo a la hermana, -"déjame ir a la cacería, no me aguanto las ganas de estar allí."- 
Y tanto le rogó que al fin accedió.
-"Pero"- le dijo ella, -"vuelve al anochecer. Yo cerraré la puerta por miedo a los rudos cazadores, así que tocas la puerta y dices, "Hermana, déjame entrar." y así sabré que eres tú. Y si no dices eso, no abriré la puerta."- 
Entonces el joven corso salió rápidamente, saltando de alegría de estar al aire libre.

El rey y los cazadores vieron al bello corso, y se fueron tras de él, pero no lo pudieron alcanzar, y en los momentos que creían que ya lo tenían, él saltaba veloz entre los arbustos y no podía ser visto. Cuando ya anocheció, él corrió hacia la casita, tocó y dijo:
-"Hermana mía, déjame entrar."-
Entonces la puerta fue abierta para él, y de un salto se tiró en la suave cama y descansó toda la noche.
Al siguiente día la cacería empezó de nuevo, y cuando el corso escuchó de nuevo el bullicio de las trompetas, y el ¡jo! ¡jo! de los cazadores, se inquietó, y dijo:
-"Hermana, déjame salir, debo irme."-
Su hermana abrió la puerta y dijo:
-"Recuerda que debes regresar al anochecer y decir tu palabra secreta."-
Cuando el rey y sus cazadores vieron de nuevo al joven corso con el prendedor de oro, todos lo persiguieron, pero él era demasiado rápido y ágil para ellos. Así pasó todo el día, pero al final de la tarde los cazadores lo cercaron, y uno de ellos le hirió levemente una pata, de manera que corría y saltaba despacio. Entonces un cazador lo siguió hasta llegar al refugio, y oyó cómo él decía:
-"Hermana, déjame entrar."- 
Y vio cómo la puerta se le abría, y se cerraba en cuanto entraba. El cazador tomó nota de todo aquello, y fue donde el rey y le dijo lo que había visto y oído. Entonces el rey dijo:
-"Mañana cazaremos una vez más."-
La hermana, sin embargo, se puso terriblemente asustada cuando vio que su cervatillo estaba herido. Ella le lavó la sangre y le puso hierbas sobre la herida, y le dijo:
-"Vete a la cama, querido corso, que te pondrás bien de nuevo."-
Pero la herida era tan simple que el corso, a la mañana siguiente, ya no sentía molestia alguna.
Y cuando de nuevo oyó el ruido afuera, dijo:
-"No aguanto más, debo ir allá, ellos no me alcanzarán tan fácilmente."-
La hermana gritó y dijo:
-"¡Esta vez te matarán, y yo estoy aquí sola en el bosque olvidada por todo el mundo. No te dejaré salir!"- 
-"Entonces me verás morir de tristeza."- contestó el corso, -"Cuando yo oigo el sonar de las trompetas siento como si tuviera que salirme de mi piel."-
Entonces la hermana no pudo hacer otra cosa y le abrió la puerta con el corazón muy dolido, y el corso, lleno de salud y dicha, se internó en el bosque.
Cuando el rey lo vio, dijo a los cazadores:
-"Ahora persíganlo por todo el día hasta que llegue la noche, pero tengan cuidado de no hacerle ningún daño."-
Tan pronto como se puso el sol, el rey dijo a los cazadores:
-"Ahora vamos y muéstrenme el refugio que está en el bosque."-
Y cuando estuvo frente a la puerta, la tocó y dijo:
-"Querida hermana, déjame entrar."-
Entonces la puerta se abrió, y el rey ingresó, y allí encontró la doncella más adorable que él hubiera visto jamás. La joven se atemorizó cuando en vez de ver al cervatillo, vioa un hombre que llevaba una corona de oro sobre su cabeza. Pero el rey la miró amablemente, le extendió su mano y dijo:
-"¿Vendrías a mi palacio y serías mi amada esposa?"-
-"¡Sí, claro!"- respondió la doncella, -"Pero el cervatillo debe ir conmigo, no puedo abandonarlo."-
-"Estará contigo toda la vida, y nada le faltará." dijo el rey.
Justo en ese momento llegó corriendo el corso, y la hermana lo ató de nuevo con la cuerda, la tomó en sus manos, y salió con el rey alejándose del refugio.
El rey montó a la adorable doncella en su caballo y la llevó a su palacio, donde luego la boda se celebró con gran pompa. Ahora ella era la reina, y vivieron por un largo tiempo juntos, y el corso era atendido y acariciado, y corría en los jardines del palacio.
Pero la malvada tutora, quien fuera la causante de la salida de los jóvenes hacia el mundo, creyó todo el tiempo que la hermana había sido despedazada por las fieras salvajes del bosque, y que el hermano convertido en corso, había sido tirado por los cazadores. Ahora, cuando supo que ellos eran muy felices, y que estaban muy bien, la envidia y el odio se levantaron en su corazón y no tenía paz, y no pensaba en nada más que en cómo llevarlos a la mala situación de nuevo. La propia hija de la tutora, que era horrible como una noche tormentosa, y que sólo tenía un ojo, le dijo quejándose:
-"¡Una reina! Esa debía ser mi suerte"-
-"Tranquilízate"- contestó la vieja mujer, confortándola -"cuando llegue el momento, yo estaré lista."-
Corriendo el tiempo, la reina tuvo un precioso niño, y sucedió que ese día el rey andaba de cacería, así que la vieja hechicera tomó la forma de la criada de la habitación, llegó al cuarto donde la reina reposaba y le dijo:
-"Venga, el baño está listo, le hará mucho bien, y le dará nuevas fuerzas.  Dese prisa antes de que se enfríe."-
Su fea hija estaba por ahí cerca, y llevaron al cuarto de  baño a la débil reina, y la pusieron en el baño. Entonces cerraron la puerta y corrieron. Pero en el baño ellas habían hecho un fuego tan mortal que la joven reina quedó pronto sofocada.
Una vez hecho eso, la vieja mujer tomó a su hija, le puso una gorra de noche en su cabeza, y la acostó en la cama en lugar de la reina. Le dio la forma y apariencia de la reina, solamente que no pudo reponerle el ojo faltante. Pero para que el rey no se diera cuenta esa noche, la acostó del lado en que no tenía ojo. 

Al atardecer, cuando llegó el rey y supo que tenían un hijo, se sintió muy halagado, y fue a la cama de su amada esposa para ver cómo se encontraba. Pero la vieja mujer disfrazada como la criada, rápidamente exclamó:
-"Por la vida de ella, deje las cortinas cerradas. La reina no debe ver la luz todavía, y debe reposar."-
El rey se fue, y no notó que una falsa reina estaba en la cama.
Pero a medianoche cuando todos dormían, la enfermera, que estaba sentada en la enfermería  cerca de la cuna, y quien era la única persona despierta, vio abrirse la puerta y entrar a la verdadera reina. La reina sacó al niño fuera de la cuna, lo puso en sus brazos y lo amamantó. Luego sacudió la almohadilla, acostó al niño y lo cubrió con la cobijita. Tampoco había olvidado al corso, y fue al rincón donde dormía, y le acarició la espalda. Entonces ella salió silenciosamente por la puerta de nuevo. A la mañana siguiente la enfermera preguntó a los guardas si alguien había venido al palacio durante la noche, pero ellos contestaron:
-"No, no hemos visto a nadie."-
Ella llegó así muchas noches, y nunca decía una palabra. La enfermera siempre la veía, pero no se atrevía a contárselo a nadie. Pasado un tiempo de esa forma, la verdadera reina comenzó a hablar cuando llegaba en la noche y decía:
-"¿Qué será de mi niño, qué será de mi cervatillo?
   Dos veces más vendré, luego nunca más."-

La enfermera no contestó, pero cuando la reina salió, ella fue donde el rey y le contó todo. El rey dijo:
-"¡Oh Dios! ¿Qué es todo esto? Mañana en la noche yo vigilaré al niño."-
Al anochecer él entró a la enfermería, y a medianoche la reina apareció de nuevo y dijo:
-"¿Qué será de mi niño, qué será de mi cervatillo?
    Una vez más vendré, luego nunca más."-

Y ella amamantó al niño, lo que siempre hacía antes de desaparecer. El rey no se atrevió a hablarle, pero también a la siguiente noche él vigiló. Entonces ella dijo:
-"¿Qué será de mi niño, qué será de mi cervatillo?
   Esta vez vine, pero ya nunca más."-

Entonces el rey no pudo retenerse y de un salto se adelantó hacia ella y dijo:
-"Tú no puedes ser nadie más que mi amada esposa."-
Ella contestó:
-"Sí, yo soy tu amada esposa."-
Y en ese mismo momento ella volvió a la vida, y por la gracia de Dios se puso lozana, fresca, de piel rosada y llena de salud.
Entonces le contó al rey de las malvadas acciones que contra ella hicieron la hechicera mujer y su hija, de lo cual serían las culpables. El rey ordenó que ambas fueran llevadas a la justicia, y un juicio se celebró contra ellas. Las dos fueron exhorcitadas para eliminarles sus brujerías y condenadas a trabajos forzados por el resto de sus vidas. Inmediatamente el corso cambió a su forma humana, y entonces la hermana y el hermano vivieron felices en palacio por todas sus vidas.

Enseñanza:

La buena hermandad genera fortaleza.

jueves, 28 de mayo de 2015

PILLÁN QUITRAL, EL FUEGO SAGRADO

PILLÁN QUITRAL, EL FUEGO SAGRADO



En la antiquísima cosmogonía tehuelche se cuenta que "El que siempre existió" vivía rodeado por densas y oscuras neblinas allí donde se juntan el cielo y el mar, hasta que un día, pensando en su terrible soledad, lloró y lloró por un tiempo incontable... y así sus lagrimas formaron a Arrok, el mar primitivo... El eterno Kóoch al advertirlo dejó de llorar, y suspiró... Y su suspiro fué el principio del viento... Entonces Kóoch quiso contemplar la creación: se alejó en el espacio, alzó su mano y de ella brotó una enorme chispa luminosa que rasgó las tinieblas. Había nacido el Sol.
Con él la sagrada creación tuvo la primera luz y el primer fuego, y con él nacieron las nubes...
Y los tres elementos del espacio armonizaron entonces sus fuerzas para admirar y proteger a la tierra de la vida perecedera que Kóoch había hecho surgir de las aguas primeras.
Andando el tiempo Elal, el héroe-dios, el nacido de la Nube cautiva y el cruel gigante Nóshtex, creó a los Chónek (hombres) de la raza tehuelche en las tierras del Chaltén... y fue su organizador, protector y guía.
Y entre otras muchas cosas, como Elal viera que sus criaturas tenían frío y oscuridad, cuando el Sol no estaba en el Cielo, les enseño a hacer fuego, el mismo que les permitiera vencer a la nieve y al frío en las laderas del Chaltén, el que brota cuando golpean ciertas piedras... Dicen que a partir de entonces los tehuelches ya no temieron a la oscuridad ni a las heladas porque eran dueños del secreto del fuego, y el fuego era sagrado para ellos porque se los había dado su padre creador...
Este es un hermoso mito del ciclo de Elal, el progenitor de los tehuelches... Claro que las otras razas del cono sur de América han explicado a su modo el origen del fuego, el preciado elemento que aseguró la vida de las culturas aborígenes patagónicas... Una antigua leyenda cuenta que los mapuches no conocían el fuego, pero que lo aprendieron de los niños, más exactamente de dos hermanitos que se desafiaron para ver quién hacía girar más rápidamente un palito en un nido de pasto seco... ¡Y el resultado fue que casi queman todo con su juego inocente! Parece ser que el gran incendio devoró los bosques y corrió los animales hasta atraparlos... De este modo los indios se quedaron sin caza. ¿Cómo harías para sobrevivir sin un alimento tan importante?... Pero los ancianos de la tribu dijeron que la carne de esos animales quemados no podía ser impura porque el fuego venía del Dios Padre... Y comieron así carne asada y la hallaron sabrosa... Tanto que, a partir de entonces, también los mapuches quisieron hacer fuego y conservarlo... porque les permitía no sólo cocinar sus alimentos sino disfrutar de su luz y su calor, todos reunidos en torno de la llama que era como el Sol.
Como todos los pueblos primitivos, los que habitaban las mágicas tierras de la Araucanía lograron encender el fuego por fricción de un palo sobre un lecho de yesca, o por percusión de piedras de pedernal hasta que el saltar de la chispa hace arder la hierba seca...
Y si resultaba laborioso encenderlo, aún más difícil era conservarlo... ¿Cómo lograr que no lo apagaran los vientos que trae y lleva Elëngansen? ¿Cómo protegerlo de enviado de Gualichú que intentaría robarlo? ¿Cómo entretenerlo para que no se cansara de arder y se fuera de nuevo?
Por eso los tehuelches lo encerraban en vasijas de barro, y le prodigaron alimento y cuidados. Las mujeres eran las que se ocupaban del fuego, y cuando lo necesitaban sacaban brasitas y con ellas encendían nuevos fuegos... Pero, ¡ay si se apagaba el fuego!. Muchos relatos cuentan de los terribles castigos para la mujer que se dormía o se olvidaba... Es que fueron tiempos muy duros y los hombres no podían permitirse perder el sagrado tesoro.
Porque era un don de Dios, el fuego volvía a Dios a través de ceremonias donde ofrendaban al Supremo, en el pillan quitral, animales o frutos de la tierra, o bien objetos culturales de manufactura indígena.
También celebraron con homenajes y regalos el fuego de Pillán, el fuego de lo más hondo de la tierra que escupen las bocas enojadas o dolientes volcanes. ¿Acaso Pillán, el que vive arriba de las montañas, no comanda las terribles tormentas de fuego del Cielo y de la Tierra? ¿Sus rayos no destruyen y queman el corazón de la vida?. Por eso lo respetan y veneran, para que no se enoje y traiga el fuego que devora...
Y sacralizaron el cherufe, el fuego celeste de los aerolitos que caen y que misteriosamente se vuelven piedra colorada y ya nunca más arden... ¿Qué habrá pasado con el fuego? ¿Estará sólo dormido o se habrá ido como los innombrables al más allá?
Y hasta honran mudamente a los fuegos fríos de las lejanas estrellas, porque los viejos de los loncos dicen que allí viven los espíritus de los antepasados, las almas de los que se fueron, y desde arriba contemplan sus parientes con el permiso del Elal...
En las creencias aborígenes del Sur de América conviven entidades mágicas en relación con fuegos malditos. Una de las más terribles es el Anchimallén araucano, el duende enano que sirve a los brujos del diablo, el que roba para "el daño", el que ciega con su presencia porque la luz en la que se transforma es maligna. Cuando su radiación brillante y fugaz aparece en los campos o en las montañas o en las ramas de los árboles o en los techos de las rucas, el indio tiembla porque significa la muerte para alguien.
Dicen que los anchimallenes son criaturas que los brujos alimentan con las míticas leche, sangre y miel, y que quién posea uno multiplicará su hacienda y tendrá protegidos sus ganados... Hay quién paga mucho al brujo para tener un niño anchimallén, y también quien lo roba, y hasta quien lo seduce para sus propios fines, observando bien cuál es el alimento que le gusta más y poniéndolo a su alcance en abundancia en determinados lugares del campo... y es fama entonces que "por goloso pierde la vida" el anchimallén, pues los astutos hechiceros, sus verdaderos dueños, siempre se enteran, ¡y lo castigan con la muerte por su negligencia!...
Claro que la memoria de los mapuches siempre ha tenido un lugar para el ideal luminoso de la mítica Antú Malguén. Es la joven, y bella amada de Antü (el sol), la que parece flotar, delicada y frágil, junto al estanque de las totoras, allá en la cumbre del Domuyo. Dicen que cantan melodías que son como suspiros de la brisa mientras peina sus largos cabellos rubios con peine de oro reluciente... ¿Por qué a veces su canto es un lamento y otra una risa feliz?. Nadie lo sabe, pero la fina voz que parece agua y que parece viento rueda ladera abajo por las rocas del volcán divino.
Sólo unos pocos osados que burlaron al toro y al potro del Domuyo han logrado ver Antü Malguén en la cima sagrada. Para unos huye disuelta en llama de cherufe al sentirse sorprendida, para otros se sumerge veloz en las aguas porque es la sirena Coñi Lafquén (hija del lago)... pero ni unos ni otros han podido olvidar el hechizo fascinador de la doncella de oro luz. Tal vez se deba a que en Antü Malguén se funde el fuego de la creación, el Sol.
Por eso mientras viva en el gran volcán andino y peine sus fantásticos cabellos los fuegos de las tribus milenarias no se apagarán, y los viejos continuarán contando y recordando su historia y las historias de todos los mitos, nacidos al calor de la llama que un día les regalará Elal...

Kóoch: Cielo, espíritu grande, bueno y creador.
Elal: Héroe mítico.
Noshtex: Padre de Elal.
Chónex: Hombre. Autodenominación de les Tehuelches como "nosotros los hombres".
Chaltén: Volcán. "Montaña que fuma".



El señor Korbes

El señor Korbes



Hubo una vez un gallo y una gallina que decidieron hacer una gira juntos. Así, el gallo construyó un hermoso carruaje, con cuatro ruedas rojas, y con herrajes para ser jalado por cuatro ratones. La gallina y el gallo se montaron y empezaron el recorrido. No muy lejos encontraron un gato que les dijo:
-"¿Hacia dónde van?"-
-"Vamos a la casa del señor Korbes."- replicó el gallo.
-"Llévenme con ustedes."- dijo el gato.
El gallo contestó:
-"Con mucho gusto, súbete atrás, no vaya a ser que te caigas yendo adelante. Ten cuidado de no ensuciar las rueditas rojas. Y ustedes, rueditas, avancen, y ustedes ratoncitos, arranquen, pues seguimos en la ruta hacia la casa del señor Korbes."-
Luego subió a una piedra de molino, a un huevo, a un pato, a un perno, y por último a una aguja, quienes todos se acomodaron en el carrito, y siguió la ruta junto con ellos. Cuando llegaron a la casa del señor Korbes, el  señor no estaba ahí.
 Los ratones llevaron el carruaje al establo, la gallina y el gallo se subieron sobre una valla. El gato se sentó en el suelo junto al fogón, el pato se acomodó junto al grifo de agua. El huevo rodó hacia una toalla, el perno se subió al almohadón de una silla, la aguja se fue a la cama y se colocó al centro de una almohada, y la piedra de moler se posó encima de la puerta.
Entonces llegó el señor Korbes y se dirigió al fogón. Estaba a punto de encenderlo, cuando el gato le tiró una cantidad de cenizas en la cara. El señor Korbes corrió apurado a la cocina para lavarse, pero el pato le salpicó agua en la cara. Quiso secarse con la toalla, pero el huevo rodó hacia él, se quebró y le engomó los ojos. Pensó mejor en descansar y se sentó en la silla, pero el perno lo maltrató al sentarse. Y todo enojado, se lanzó a la cama. Pero apenas puso su cabeza en la almohada, la aguja lo punzó, por lo que gritó adolorido, y todo rabioso y desesperado quiso salir corriendo hacia el ancho mundo, pero al pasar por la puerta de la casa, la piedra de molino cayó sobre su cabeza, dejándolo muerto.
Pobre señor Korbes, debe haber sido un hombre de muy mala suerte.

 Enseñanza:

Antes de hacer algún movimiento, es prudente observar antes cómo está todo alrededor.

miércoles, 27 de mayo de 2015

EL GUSANO DE LUZ

EL GUSANO DE LUZ


En la inmensa región que se extiende desde el Paraná al Uruguay, en la parte comprendida entre los arroyos Yabebirí al Guñapirú, existen maravillosos resplandores, que en las noches se mueven lentamente en fantásticas procesiones luminosas.
Las gentes del país acuden, atraídas por la deslumbradora belleza, a contemplar esos cortejos fosforescentes de seres misteriosos, creyéndose transportados a países de ensueños y de maravillosas fantasías.
Todos saben que es el isondú, que vaga por los montes para castigar a los envidiosos. En su origen, fue un gallardo y apuesto joven, que habitaba en aquella vasta tierra de frondosa vegetación y de fértiles tierras. Este mancebo, de conducta intachable y de generoso corazón, atraía con el conjunto de sus perfecciones a todas las doncellas del país, que se enamoraban perdidamente de él. Olvidando que existieran más hombres en el mundo, no volvían a querer mirar a ningún otro, porque los encontraban despreciables comparándolos con aquel prototipo de belleza y virtud.
Los demás hombres, sintiéndose despreciados, se llenaron de coraje hacia él y se reunieron, tratando de buscar una solución a aquel problema. De nada tenían que acusarle, porque no había cometido ningún desafuero, ni podía ser culpable de su perfección física: habían intentado que cayera en el vicio; pero se habían estrellado ante su temple heroico. Sin embargo, había que eliminar, fuera como fuera, a aquel ser perfecto que desviaba hacia él los corazones de todos las "cuñás" (doncellas).
Todos los "caria-í" (jóvenes), amarillos por la envidia, resolvieron matarle, y, apostados una noche de lunas tras de los árboles del bosque por donde él tenía que pasar, esperaron a que llegara y le sorprendieron por la espalda, cayendo sobre el indefenso joven y asestándole veintidós puñaladas en todo su cuerpo, por cuyas heridas brotaban chorros de sangre, que empaparon la tierra, hasta dejarle exangüe. Pero antes de exhalar su último aliento, vieron los mozos aterrados, que el cuerpo del mancebo se transformaba en un pequeño insecto de maravillosos resplandores, saliendo una misteriosa luz por cada una de las heridas que había recibido. En la herida del corazón se formó la cabeza del gusano, que emitía una fantástica luminosidad roja, como un rubí.
Los asesinos, asustados ante el prodigio, marcharon apesadumbrados de su crimen, y tuvieron que contemplar durante todas las noches de su vida aquel resplandor siniestro que les recordaba su maldad y torturaba su conciencia, no volviendo a recobrar jamás la calma.
Desde entonces, grupos inmensos de isondúes pueblan de un fantástico resplandor, durante las noches, el bosque, convirtiéndolo en un paraje encantado.

Logrando coger un isondú o gusano de luz, se ve que tiene once lucecitas a cada lado de su cuerpo y son vestigios de las veintidós puñaladas recibidas, y la luz roja de la cabeza es el corazón de aquel hermoso joven que despertó los celos de los demás hombres. 

Elsie la Lista

Elsie la Lista  


Había una vez un matrimonio que tenía una hija a la que llamaban "Elsie la Lista". Y cuando ella creció y fue una muchacha, su padre dijo a su esposa:
-"Tenemos que casar a Elsie."-
-"Sí"- dijo la madre, -"si viniera alguien y la quisiera tomar."-
Al tiempo un hombre llamado Hans vino de lejos y la pidió, pero estipuló que Elsie realmente debería ser lista..
-"¡Oh sí!"- dijo el padre, -"ella es bien capaz."- 
Y la madre agregó:
-"¡Uh!, ella puede ver el viento viniendo por las calles, y oír a las moscas tosiendo."-
-"Bien"- dijo Hans, "-"si no es realmente lista, no la tendré."-
Cuando todos se sentaron a cenar y habían comido, la madre dijo:
-"Elsie, ve al sótano y trae algo de cerveza."-
Entonces Elsie tomó el pichel de la pared, y bajó al sótano golpeando la tapa del pichel para que el tiempo no pareciera ser muy largo. Una vez abajo alcanzó una silla, y la colocó junto al barril de cerveza de modo que no tuviera que agacharse, para no maltratarse la espalda o hacerse alguna herida inesperada. Tomó el recipiente, levantó su tapa, y mientras la cerveza corría, no dejaba sus ojos quietos, sino que miraba por las paredes, y de estar viendo aquí y allá, vio una  piqueta exactamente encima de ella, que los albañiles habían dejado olvidada accidentalmente allí.
Entonces Elsie comenzó a llorar, y a decir:
-"Si yo acepto a Hans, y tenemos un niño, y él se hace grande, y lo enviamos al sótano a traer cerveza, entonces la piqueta le caerá sobre su cabeza y lo matará."-
Ella se sentó y lloró amargamente, gritando con todas sus fuerzas por la desdicha que se presentaba ante ella.
Los de arriba esperaban por la cerveza, pero Elsie la Lista no aparecía. Entonces la mujer dijo a su sirvienta:
-"¡Baja al sótano y mira en dónde está Elsie.!"-
La criada bajó y la encontró sentada frente al barril, llorando fuertemente. 
-"¿Elsie, por qué lloras así?"-
-"Pero, ¿no tengo acaso razón para llorar así? Si me caso con Hans, y tenemos un niño, y él crece grande, y tiene que venir a traer cerveza aquí, quizás la piqueta caerá sobre su cabeza y lo matará."-
Entonces la criada dijo:
-"¡Que Elsie más lista tenemos aquí!"- y se sentó a su lado a llorar fuertemente por esa desdicha.
Al cabo de un rato, como la criada no regresaba y los de arriba estaban sedientos por la cerveza, el señor le dijo al hijo:
-"Sólo ve al sótano y averigua que pasó con Elsie y la criada."-
El muchacho bajó y allí encontró sentadas y llorando juntas a Elsie y la muchacha.
Entonces preguntó:
-"¿Por qué están llorando?"-
-"Ah"- dijo Elsie, -"Pero, ¿no tengo acaso razón para llorar? Si me caso con Hans, y tenemos un niño, y él crece grande, y tiene que venir a traer cerveza aquí, quizás la piqueta caerá sobre su cabeza y lo matará."-
Entonces el muchacho dijo:
-"¡Que Elsie más lista tenemos aquí!"- y se sentó a su lado a lamentarse fuertemente como las otras por esa desdicha.
Arriba esperaban al muchacho, pero no regresaba. El hombre dijo a la esposa:
-"Solamente anda abajo y ve dónde está Elsie."-
La mujer bajó, y encontró a los tres en medio de sus lamentaciones, y queriendo saber de la causa de todo aquello, Elsie le contó que su futuro niño iba a ser muerto por la piqueta cuando creciera y bajara a llevar cerveza, y la piqueta le cayera sobre la cabeza.
           

Entonces en igual forma la madre dijo:
-"¡Que Elsie más lista tenemos aquí!"- y se sentó a su lado a llorar junto con los demás.
El padre esperó un pequeño tiempo, pero su esposa no regresaba y su sed crecía y crecía, y dijo:
-"Tendré que ir yo mismo al sótano a ver que pasó con Elsie."-
Pero cuando bajó, todos estaban juntos llorando, y oyó la razón de que el niño de Elsie era la causa, ya que quizás Elsie traiga uno al mundo algún día, y que podría ser muerto por la piqueta, si sucediera que estando sentado debajo de ella por llevar la cerveza, en ese preciso momento la piqueta se desprendiera y lo mate. Entonces él gritó:
-"¡Que Elsie más lista tenemos aquí!"- y también se sentó a su lado a llorar junto con los demás.
El novio se quedó solo arriba por tamaño rato, y como nadie regresaba pensó:
-"Seguro deben estar esperándome allá abajo, debo bajar también y saber qué es lo que ocurre."-
Cuando llegó abajo, los cinco anteriores estaban sentados llorando y lamentándose piadosamente, cada uno con más ímpetu que el otro.
-"¿Qué desgracia ha sucedido aquí?"- preguntó.
-"Ay, querido Hans"- dijo Elsie, -"si nos casáramos y tuviéramos un niño, y se hace grande, y quizás lo enviamos aquí por unas cervezas, entonces la piqueta que está allá arriba puede desprenderse y caerle encima rompiéndole su cerebro y matándolo. ¿No es eso suficiente razón para lamentarnos?"-
-"Ven"- dijo Hans, -"más claro que eso no es necesario para mi hogar, y como eres tan lista, Elsie, te aceptaré."- y le tomó de la mano, fueron arriba, y la desposó.
Pasado un tiempo después, él le dijo:
-"Elsie, voy a salir a trabajar afuera y ganar algún dinero para nosotros. Ve tú al campo y corta el maíz para que podamos tener algún pan."-
-"Sí, querido Hans. Así lo haré"-
Una vez marchado Hans, ella se alistó algún buen alimento y lo llevó al campo con ella. Cuando llegó al campo pensó para sí misma:
-"¿Qué hago ahora, recolecto o como primero? Bueno, comeré primero."- 
Entonces ella terminó con su bolso de comida, y sintiéndose completamente satisfecha, se dijo:
-"¿Qué hago ahora, recolecto o duermo una siesta? Bien, dormiré una siesta."-
Entonces se acostó entre el maizal y se dejó dormir. Hans había llegado hacía rato a casa, pero Elsie no aparecía. Entonces dijo:
-"¡Qué Elsie más lista tengo. Es tan industriosa que ni siquiera regresa para almorzar."-
Sin embargo, cuando ya se acercaba el anochecer y ella no llegaba, Hans fue a ver cuánto había cortado. Pero no había cortado nada, y la encontró dormida entre el maizal. Entonces Hans fue rápido a la casa y trajo una red de cacería con pequeños cascabeles y se la colgó a su alrededor, y ella siguió durmiendo. Entonces corrió a la casa, cerró la puerta, y se sentó en su silla a trabajar. Al tiempo, cuando ya estaba oscuro, Elsie la Lista despertó, y cuando se levantó, escuchó un tintineo a todo su alrededor, y las campanillas sonaban a cada paso que daba. Entonces se alarmó y empezó a poner en duda si ella era Elsie la Lista o no, y dijo:
-"¿Seré yo o no seré yo?"-
Pero ella no sabía que contestar a eso, y estuvo un tiempo en duda. Al rato ella pensó:
-"Iré a casa y preguntaré si soy yo o no soy yo, de seguro allá sabrán."- 
Ella corrió a la puerta de su propia casa, pero estaba cerrada. Entonces tocó a la ventana y gritó:
-"¿Hans, está Elsie contigo?"-
-"¡Sí"- contestó Hans,  -"ella está conmigo."-
Eso la aterrorizó, y dijo:
-"¡Oh, cielos! Entonces no soy yo."- 
Y siguió de puerta en puerta, pero cuando la gente oía las campanillas no abrían, y no pudo entrar a ningún lugar. Entonces corrió fuera de la villa, y desde entonces nadie volvió a saber de ella.

Enseñanza:

Nunca hay que lamentarse de desgracias que no han ocurrido, ni abandonar los deberes.

martes, 26 de mayo de 2015

LA AZUCENA DEL BOSQUE

LA AZUCENA DEL BOSQUE



Hace muchos, muchos años, había una región de la tierra donde el hombre aún no había llegado. Cierta vez pasó por allí I-Yará (dueño de las aguas) uno de los principales ayudantes de Tupá (dios bueno). Se sorprendió mucho al ver despoblado un lugar tan hermoso, y decidió llevar a Tupá un trozo de tierra de ese lugar. Con ella, amasándola y dándole forma humana, el dios bueno creó dos hombres destinados a poblar la región.

Como uno fuera blanco, lo llamó Morotí, y al otro Pitá, pues era de color rojizo.

Estos hombres necesitaban esposas para formar sus familias, y Tupá encargó a I-Yará que amasase dos mujeres.

Así lo hizo el Dueño de las aguas y al poco tiempo, felices y contentas, vivían las dos parejas en el bosque, gozando de las bellezas del lugar, alimentándose de raíces y de frutas y dando hijos que aumentaban la población de ese sitio, amándose todos y ayudándose unos a otros.

En esta forma hubieran continuado siempre, si un hecho casual no hubiese cambiado su modo de vivir.

Un día que se encontraba Pitá cortando frutos de tacú (algarrobo) apareció junto a una roca un animal que parecía querer atacarlo. Para defenderse, Pitá tomó una gran piedra y se la arrojó con fuerza, pero en lugar de alcanzarlo, la piedra dio contra la roca, y al chocar saltaron algunas chispas.

Este era un fenómeno desconocido hasta entonces y Pitá, al notar el hermoso efecto producido por el choque de las dos piedras volvió a repetir una y muchas veces la operación, hasta convencerse de que siempre se producían las mismas vistosas luces. En esta forma descubrió el fuego.

Cierta vez, Moroti para defenderse, tuvo que dar muerte a un pecarí (cerdo salvaje - jabalí) y como no acostumbraban comer carne, no supo qué hacer con él.

Al ver que Pitá había encendido un hermoso fuego, se le ocurrió arrojar en él al animal muerto. Al rato se desprendió de la carne un olor que a Morotí le pareció apetitoso, y la probó. No se había equivocado: el gusto era tan agradable como el olor. La dio a probar a Pitá, a las mujeres de ambos, y a todos les resultó muy sabrosa.

Desde ese día desdeñaron las raíces y las frutas a las qué habían sido tan afectos hasta entonces, y se dedicaron a cazar animales para comer.

La fuerza y la destreza de algunos de ellos, los obligaron a aguzar su inteligencia y se ingeniaron en la construcción de armas que les sirvieron para vencer a esos animales y para defenderse de los ataques de los otros. En esa forma inventaron el arco, la flecha y la lanza. Entre las dos familias nació una rivalidad que nadie hubiera creído posible hasta entonces: la cantidad de animales cazados, la mayor destreza demostrada en el manejo de las armas, la mejor puntería... todo fue motivo de envidia y discusión entre los hermanos.

Tan grande fue el rencor, tanto el odio que llegaron a sentir unos contra otros, que decidieron separarse, y Morotí, con su familia, se alejó del hermoso lugar donde vivieran unidos los hermanos, hasta que la codicia, mala consejera, se encargó de separarlos. Y eligió para vivir el otro extremo del bosque, donde ni siquiera llegaran noticias de Pitá y de su familia.

Tupá decidió entonces castigarlos. El los había creado hermanos para que, como tales, vivieran amándose y gozando de tranquilidad y bienestar; pero ellos no habían sabido corresponder a favor tan grande y debían sufrir las consecuencias.

El castigo serviría de ejemplo para todos los que en adelante olvidaran que Tupá los había puesto en el mundo para vivir en paz y para amarse los unos a los otros.

El día siguiente al de la separación amaneció tormentoso. Nubes negras se recortaban entre los árboles y el trueno hacía estremecer de rato en rato con su sordo rezongo. Los relámpagos cruzaban el cielo como víboras de fuego. Llovió copiosamente durante varios días. Todos vieron en esto un mal presagio.

Después de tres días vividos en continuo espanto, la tormenta pasó.

Cuando hubo aclarado, vieron bajar de un tacú (algarrobo) del bosque, un enano de enorme cabeza y larga barba blanca.

Era I-Yará que había tomado esa forma para cumplir un mandato d e Tupá.

Llamó a todas las tribus de las cercanías y las reunió en un claro del bosque. Allí les habló de esta manera:

Tupá, nuestro creador y amo, me envía. La cólera se ha apoderado de él al conocer la ingratitud de vosotros, hombres. Él los creó hermanos para que la paz y el amor guiaran vuestras vidas... pero la codicia pudo más que vuestros buenos sentimientos y os dejasteis llevar por la intriga y la envidia. Tupá me manda para que hagáis la paz entre vosotros: iPitá! iMoroti! ¡Abrazaos, Tupá lo manda!

Arrepentidos y avergonzados, los dos hermanos se confundieron en un abrazo, y tos que presenciaban la escena vieron que, poco a poco, iban perdiendo sus formas humanas y cada vez más unidos, se convertían en un tallo que crecía y crecía ...

Este tallo se convirtió en una planta que dio hermosas azucenas moradas. A medida que el tiempo transcurría, las flores iban perdiendo su color, aclarándose hasta llegar a ser blancas por completo. Eran Pitá (rojo) y Morotí (blanco) que, convertidos en flores, simbolizaban la unión y la paz entre los hermanos.

Ese arbusto, creado por Tupá para recordar a los hombres que deben vivir unidos por el amor fraternal, es la "AZUCENA DEL BOSQUE".


Recopiladoras de "Petaquita de Leyendas" , Ed. Peuser.

Azucena Carranza y Leonor Lorda Perellón.

Fuente: http://www.redargentina.com/leyendas/azucena.asp



La paja, la brasa y la judía

La paja, la brasa y la judía 




En una villa vivía una pobre mujer, que había recogido un plato de judías y deseaba cocinarlas. Así que la señora encendió su fogón, y para que ardiera más rápido trajo con un puñado de pajas para atizarlo. Cuando estaba vaciando las judías a la olla, una de ellas cayó al suelo sin que se diera cuenta, y quedó posada junto a una paja, e instantes después una brasa encendida saltó del fuego y cayó en medio de la paja y la judía.
Entonces la paja tomó la palabra y dijo:
-"Queridas amigas, ¿de adónde han llegado ustedes?"-
La brasa replicó:
-"Yo afortunadamente salté del fuego, y si no hubiera escapado por fuerza mayor, mi muerte hubiera sido cierta, y estaría convertida en cenizas."-
La judía dijo:
-"Yo también escapé con mi pellejo entero, pero si la mujer me hubiera regresado a la olla, ya estaría hecha puré como mis compañeras."-
-"¿Y podría haber habido mejor destino para mí?"- dijo la paja, -"Esa mujer convirtió a toda mi hermandad en fuego y humo. Ella cogió a sesenta hermanas de una sola vez, y tomó sus vidas. Dichosamente yo resbalé de entre sus dedos."-
-"¿Pero que haremos ahora?"- dijo la brasa.
-"Yo creo"- contestó la judía, -"que como afortunadamente escapamos de la muerte, debemos mantenernos juntas como buenas compañeras, y a menos que una desgracia nos obligara a  quedarnos aquí, debemos partir juntas e irnos para otras tierras.
La propuesta complació a las otras dos, y salieron a su camino en compañía.  Sin embargo, pronto llegaron a un pequeño riachuelo, y como no había puente ni tablón, no sabían como hacer para pasar. La paja creyó tener una buena idea y dijo:
-"Yo me posaré entre las dos orillas, y entonces ustedes pasan sobre mí como un puente."-
La paja, efectivamente se posicionó de orilla a orilla, y la brasa, que era de una disposición impetuosa, se subió rápidamente sobre aquél recién construido puente. Pero cuando estaba por la mitad, oyó al agua corriendo debajo de ella, y después de todo, se asustó y se quedó paralizada y no caminó más. La paja entonces comenzó a arder, se rompió en dos partes y cayó a la corriente. La brasa resbaló detrás de ella, se apagó en cuanto cayó al agua, y se ahogó. La judía que se había quedado prudentemente en su orilla, no pudo más que reírse del suceso, y le fue imposible parar, y se rió tan fuerte que se reventó.

 Ahí pudo haber terminado todo para ella también, pero afortunadamente, un sastre de muy buen corazón que buscaba trabajo y pasaba por allí, la vio, sacó hilo y aguja,  y la remendó. La judía le agradeció muy sinceramente, y desde entonces, todas las judías tienen una costura al centro.

 Enseñanza:

Antes de hacer una alianza, siempre es bueno revisar que todos sus miembros sean compatibles.