La Serpiente Blanca
Hace mucho tiempo vivía un
rey, famoso en todo el país por su sabiduría. Nada le era oculto; y parecía que
por el aire le llegaban las noticias de las cosas más desconocidas y
secretas. Pero tenía una extraña costumbre. Todos los días, después de la
cena, cuando la mesa había sido retirada y cuando nadie se hallaba presente, un
criado de confianza le servía un plato más. Estaba tapado, y ni siquiera el
criado sabía lo que contenía, pues el Rey no lo descubría ni lo comía hasta
encontrarse completamente solo.
Las cosas siguieron así
durante mucho tiempo, hasta que un día al criado que retiraba el plato, le
entró una curiosidad irresistible, y después de retirar el plato, lo llevó a su
propia habitación. Cerró la puerta con todo cuidado, levantó la tapadera y vio
que en la bandeja yacía una serpiente blanca. No pudo resistir el antojo de
probarla, cortó un pedacito y se lo llevó a la boca.
Apenas lo hubo tocado con la lengua, cuando oyó un extraño susurro de suaves
voces que venían de afuera de la ventana. Él fue y escuchó con detenimiento, y
observó que eran gorriones que hablaban entre sí, contándose mil cosas que
vieran en los campos y bosques. Al comer aquel pedacito de serpiente había
recibido el don de entender el lenguaje de los animales.
Sucedió que aquel mismo día
se extravió la sortija más valiosa de la Reina, y la sospecha del robo recayó
sobre el fiel criado que tenía acceso a todo lugar del palacio. El Rey le mandó
comparecer a su presencia, y con duras palabras le amenazó, diciéndole
que si para el día siguiente no lograba descubrir al ladrón, la culpa recaería
en él y sería severamente castigado. En vano argumentó su inocencia; y fue
retirado sin lograr una mejor respuesta.
Con su problema y angustia,
bajó al patio, pensando en la manera de salir del apuro. En eso algunos patos
descansaban tranquilamente en el arroyo, y mientras se alisaban las
plumas con el pico, sostenían una animada conversación. El criado se
detuvo a escucharlos.
Conversaban sobre dónde
habían pasado la mañana y lo que habían encontrado para comer. Uno de ellos
dijo algo disgustado:
-"Siento muy pesado el
estómago. Por estar comiendo de prisa, me tragué una sortija que estaba al pie
de la ventana de la Reina."-
Inmediatamente, el criado
lo agarró por el cuello, lo llevó a la cocina y dijo al cocinero:
- Éste es un buen pato, que
ya está en buena condición para la cena."-
- "Cierto"- dijo
el cocinero sopesándolo con la mano, -"él no ha tenido reparo en engordar
por sí mismo, y hace días que estaba esperando ir al asador."-
El cocinero lo empezó a
preparar, y cuando lo estaba adobando, apareció en su estómago el anillo de la
reina.
Ahora el fiel criado pudo
probar su inocencia, y el rey, queriendo rectificar su error, le ofreció el
mejor puesto que quisiera dentro de la corte.
El criado declinó este
honor y solamente pidió un caballo y algún dinero para viajar, pues deseaba ver
el mundo y pasarse un tiempo recorriéndole.
Otorgada su petición, se
puso en camino y un día llegó a un estanque, donde observó tres peces que
habían quedado aprisionados entre cañas y luchaban por volver al agua. Ahora,
aunque se diga que los peces son mudos, el hombre entendió los miserables
lamentos de aquellos animales, por verse condenados a una muerte tan
miserable, y como él era de corazón compasivo, se apeó de su caballo y
devolvió los tres peces al agua. Ellos saltaban de alegría, y asomando las
cabezas, le dijeron:
-" Nos acordaremos de
tí, y ya te pagaremos por salvarnos."-
Siguió cabalgando, y al
cabo de un rato le pareció oír una voz en la arena a sus pies. Escuchó
con atención, y oyó a la reina de un hormiguero que se quejaba:
- "¿Por qué esos
hombres, con sus torpes bestias, no nos dejan de maltratar tanto? Ese caballo
estúpido, con sus pesados cascos, está aplastando sin compasión a mi
gente."-
Entonces él se hizo a un
lado del camino, y la reina de las hormigas le gritó:
-" ¡Nos acordaremos de ti, una buena acción, depara otra!"-
El camino lo condujo a un
bosque, y allí vio una pareja de cuervos a la orilla de su nido, que arrojaban
de él a sus hijos:
- ¡Fuera de aquí,
vagabundos, buenos para nada!"- les gritaban. -"No podemos seguir
alimentándolos. Ya están bastante grandecitos para proveerse por sí
mismos."-
Pero los pobres polluelos
quedaban
en el suelo, agitando sus alitas y lloriqueando:
- "¡Oh, que
desdichados somos, que debemos de buscarnos la comida y todavía no
sabemos volar! ¿Qué más podremos hacer, sino morirnos de hambre?"-
Se bajó el joven, mató al
caballo con su espada y dejó su cuerpo para alimento de los pequeños
cuervos, los cuales se acercaron a saltos sobre la presa y, una vez
satisfechos, dijeron:
- ¡Nos acordaremos de tí y
te lo pagaremos!
El criado tubo que seguir
su viaje a pie, y después de caminar un largo trecho, llegó a una gran ciudad.
Había gran ruido y multitud de gente en las calles, y un hombre venía montado a
caballo, gritando en voz alta:
-"La hija del rey
desea un esposo, pero quien pretenda su mano debe cumplir una dura tarea, y si
no lo logra será severamente castigado."-
Muchos ya habían hecho el
intento, pero en vano. Sin embargo, cuando el joven vio a la princesa, fue
cautivado por su belleza, y olvidando cualquier peligro, fue donde el rey y se
declaró como pretendiente.
Entonces lo condujeron mar
adentro, y en su presencia arrojaron al fondo un anillo. El Rey le ordenó que
trajese el anillo del fondo del mar, y añadió:
-"Si vuelves sin ella,
serás precipitado al mar y abandonado a tu suerte."-
Todos los presentes se
compadecieron del apuesto mozo, y se retiraron dejando al joven solo en la
playa. Él se quedó allí, considerando lo que debía de hacer, cuando de pronto
vio tres peces que se le acercaban, y que no eran sino aquellos tres que él
había salvado. El que venía en medio llevaba en la boca una concha, que
depositó en la playa, a los pies del joven. Él la recogió y la abrió, y en su
interior estaba el anillo de oro.
Lleno de alegría lo llevó al rey, esperando que le concediese la
prometida recompensa.
Pero la orgullosa princesa,
al saber que su pretendiente no era más que un simple criado, lo rechazó,
exigiéndole la realización de una nueva tarea. Salió al jardín, y con sus
propias manos esparció entre la hierba diez sacos llenos de semilla de mijo y
dijo:
- "Mañana, antes de
que salga el sol, debes haberlo recogido todo, sin que falte un solo
grano."-
El joven se sentó en el
jardín pensando sobre como podría cumplir aquella tarea. Pero no se le
ocurría nada, y se sentó muy triste pensando que a la mañana siguiente le sería
impuesto un terrible castigo. Pero cuando los primeros rayos del sol iluminaron
el jardín, encontró los diez sacos completamente llenos, uno al lado del
otro, sin que faltase un solo grano. Por la noche había acudido la reina de las
hormigas con sus miles y miles de súbditos, y los agradecidos animalitos habían
recogido el mijo muy diligentemente, y lo habían depositado en los sacos.
Bajó la princesa en persona
al jardín y pudo ver muy asombrada que el joven había hecho la tarea
encomendada. Pero su corazón orgulloso no estaba saciado aún, y dijo:
-"Aunque él haya
realizado las dos tareas, no será mi esposo hasta que me traiga una
manzana del Árbol de la Vida."-
El pretendiente ignoraba
dónde crecía aquel árbol, pero se puso en camino, dispuesto a no detenerse
mientras lo sostuvieran sus piernas, aunque no abrigaba esperanza alguna
de encontrar lo. Después de haber recorrido ya tres reinos, un atardecer
llegó a un bosque y se tendió a dormir debajo de un árbol. Pero él oyó un rumor
entre las ramas, y al instante una manzana dorada cayó en sus manos. En ese
mismo momento bajaron volando tres cuervos, que se posaron sobre sus rodillas,
y le dijeron:
-"Somos aquellos
cuervos pequeñitos que salvaste de morir de hambre. Ahora, ya crecidos, supimos
que andabas en busca de la manzana del Árbol de la Vida, entonces
cruzamos volando el mar y llegamos hasta el confín del mundo, donde crece
el Árbol de la Vida, y te hemos traído la manzana"-
El joven, con todo júbilo,
reemprendió el camino de regreso, y llevó la manzana dorada a la bella
princesa, la cual no puso ya más excusas. Ellos partieron la manzana de la vida
en dos mitades y se la comieron juntos. De inmediato en el corazón de la
princesa brotó un sincero y gran amor por el joven, y vivieron muy felices
hasta el fin de sus vidas.
Enseñanza:
Siempre, en el momento que
fuese más oportuno, deben retribuirse los favores recibidos.
El Manto
Hubo una vez una madre que
tenía un niño de siete años, quien era tan tierno y bondadoso que todo aquél
que lo conocía, no podía dejar de amarlo, y ella lo adoraba sobre todas las
cosas del mundo.
Y sucedió que
repentinamente él se enfermó, y Dios lo llamó a su lado, y desde entonces su
madre no encontró consuelo y lloraba por él día y noche. Pero poco después de
que el niño había sido sepultado, aparecía por las noches en los sitios que él
acostumbraba jugar y estar cuando vivió, y si su madre lloraba, él también
lloraba, y al llegar el amanecer, él desaparecía.
Y como la madre no dejaba
de llorar, él llegó una noche envuelto en su manto blanco con el que había sido
enterrado, y con una corona de flores sobre su cabeza, y se sentó en la cama a
los pies de su madre y le dijo:
-"Oh madre, por favor
deja de llorar, o nunca podré llegar felizmente al reino de Dios, pues mi manto
no se seca a causa de tus muchas lágrimas, que caen sobre él."-
La madre se atemorizó
cuando escuchó aquello, y ya no lloró más.
A la noche siguiente el
niño vino de nuevo, y sostenía una pequeña luz en mano y le dijo:
-"Mira, mamá, mi manto
ya está seco y ahora puedo partir felizmente a la casa de Dios."-
Entonces la madre entregó
su dolor en las manos de Dios, y tuvo tranquilidad y paciencia, y el niño ya no
volvió más, quien ahora estaba feliz en su nuevo hogar celestial.
Enseñanza:
Ante lo que es imposible de
cambiar, lo mejor es la comprensión, la amorosa resignación y la aceptación de
la voluntad Divina.
El Azote del Cielo
Un campesino salió cierto
día a arar llevando un par de bueyes. Cuando llegó al campo, los cuernos de los
bueyes empezaron a crecer y crecer, y cuando tuvo que regresar a casa, los
cuernos estaban tan grandes que no podían pasar por la puerta del establo.
Por buena suerte un
carnicero pasaba por ahí, y llamándolo se los ofreció en venta, y finalizó el
trato de la siguiente manera:
que él le daría al
carnicero una taza de medida llena de semillas de nabo, y que el carnicero le daría
tantas monedas de Brabant como semillas de nabo hubiera en la taza.
¡A eso llamó yo un buen
negocio!
El campesino entonces fue a
su casa y trajo de regreso la taza con las semillas de nabo. Sin embargo, en el
camino una semilla se cayó de la taza. El carnicero le pagó lo acordado, y si
el campesino no hubiera perdido esa semilla, tendría una moneda más.
Mientras tanto, cuando el
campesino regresaba a casa, la semilla había nacido y crecido hasta convertirse
en un árbol, tan alto que llegaba hasta el cielo. Entonces el campesino pensó:
-"Ahora que tienes la
oportunidad, puedes ver que están haciendo los ángeles allá arriba, y por al
menos esta vez, los tendrás frente a tus ojos."-
Así que trepó al árbol, y
vio que los ángeles estaban azotando las espigas de avena, y se quedó
mirando.
Y mientras miraba, notó que
el árbol sobre el cual estaba subido, empezó a vibrar, y se asomó hacia
abajo y vio que alguien estaba tratando de cortarlo.
-"Si yo caigo
desde aquí, eso será algo muy malo."- pensó.
Y en su apuro, para
salvarse no pensó en otra cosa que tomar tallos de avena que estaban
amontonados en grupos, trenzarlos y así hacerse de una cuerda. De igual forma,
tomó un azadón y un azote de los que se usan para azotar los cereales y que
estaban a su alcance, y empezó a bajar por medio de la cuerda que recién había
hecho.
Pero al llegar a la tierra,
cayó exactamente en un enorme hueco, muy hondo. Fue una verdadera suerte que
hubiera traído el azadón, porque con él fue cavando gradas hasta que salió a la
superficie. Y subió consigo también el azote como prueba de su verdad, para que
así, viéndolo en su mano, nadie intentara dudar de su historia.
Enseñanza:
La amenaza es con lo que
actúan siempre quienes quieren imponer "su verdad", con menosprecio
de lo que piensen los demás.
El Enigma
Hubo una vez un hijo de un
rico comerciante que estaba poseído por un fuerte deseo de viajar por el mundo,
y decidió hacerlo haciéndose acompañar solamente por un fiel sirviente. Un día
llegó a un gran bosque, y al final de la tarde no había encontrado aún un
refugio, y no sabía donde pasar la noche. En eso vio a una mujer que se dirigía
hacia una pequeña casa, y acercándose a ella vio que era una joven doncella. Él
le habló diciéndole:
-"Querida joven,
¿podríamos mi sirviente y yo encontrar posada por esta noche en esa
casita?"-
-"Oh, sí"-
respondió con una voz triste, -"ciertamente que podrían, pero les aconsejo
que no se aventuren a eso. No vayan."-
-"¿Por qué no?"-
preguntó el muchacho.
La joven suspiró y dijo:
-"Mi patrona practica
malas artes y siempre está indispuesta con los extraños."-
Entonces comprendió que habían
llegado a la casa de una bruja, pero como ya estaba oscuro y no podían avanzar
más, y también porque no era temeroso, entraron.
La vieja mujer estaba
sentada en una mecedora cerca del fuego, y miró al extraño con sus rojos ojos.
-"Buenas
noches"-gruñó ella, y fingió ser muy amable. -"Tomen un asiento y
descansen."-
Ella sopló el fuego en el
que estaba cocinando algo en una pequeña olla. Su criada les advirtió a los dos
viajeros que tuvieran prudencia, que no comieran ni bebieran nada, pues la
anciana preparaba bebidas envenenadas. Ellos durmieron en calma hasta el
amanecer. Cuando ya se alistaban para su salida, y el hijo del comerciante
estaba ya sentado sobre su caballo, la anciana dijo:
-"Paren un momento,
les daré una manita con una bebida para la partida."-
Mientras ella traía la
bebida, el joven se fue, y el sirviente, que tenía que tenía que abrochar
firmemente su silla de montar, fue el único que quedó presente cuando la
malvada bruja llegó con la bebida.
-"Llévale esto a tu
patrón."- dijo ella.
Pero en ese momento el vaso
se volcó y el veneno se regó sobre el caballo, y era tan fuerte que
inmediatamente el caballo cayó muerto.
El sirviente corrió tras de
su patrón y le contó lo que había sucedido, pero no quería dejar su silla de
montar tras de sí, y regresó a recogerla. Sin embargo cuando llegó donde el
caballo muerto, un cuervo estaba sobre él picoteándolo para devorarlo.
-"¿Quién sabe si
podremos encontrar algo mejor para hoy?"- dijo el sirviente.
Así que mató al cuervo y se
lo llevó. Y siguieron su camino dentro del bosque el resto del día, pero no
salían de él. Al anochecer encontraron una posada y entraron en ella. El
sirviente le dio el cuervo al posadero para que lo alistara para la cena. Pero
no sabían que habían llegado a una guarida de asesinos, y durante la oscuridad
de la noche, llegaron doce de ellos, con la intención de matar a los recién
llegados y robarles. Pero antes de cometer su objetivo, se sentaron a cenar, y
el posadero y la bruja se sentaron con ellos, y juntos tomaron un plato de sopa
que se había hecho con la carne del cuervo. No habían terminado de tomar un par
de cucharadas, cuando todos cayeron muertos, pues el cuervo les transmitió el
veneno que había picoteado del caballo. No quedó vivo nadie más en la posada
que la hija del posadero, quien era honesta, y nunca tomaba parte de sus
malvados actos. Ella le abrió todas la puertas al extraño, y le mostró los
tesoros que había apilados. Pero el muchacho le dijo que podía quedarse con
todo aquello, y que él no tomaría ninguna cosa. Y siguió su camino junto con el
sirviente.
Después de haber viajado un
largo trecho, llegaron a un pueblo en el cual había una bella, pero muy
orgullosa princesa, quien había mandado a proclamar que el hombre que le
propusiera a ella un enigma que ella no pudiera resolver, lo haría su esposo.
Pero eso sí, si ella resolvía el enigma, él sería encarcelado por todo un año.
Ella se daba tres días para
resolver el enigma, pero era una chica tan lista, que por lo general al primer
día ya tenía la respuesta. Nueve pretendientes purgaban ya la condena por su
intento, cuando llegó el hijo del comerciante, y cegado por el encanto de la
princesa, estuvo dispuesto a perder su libertad.
Entonces fue donde ella, y
le propuso su enigma.
-"¿Qué es"- dijo
-"uno que nunca mató a ninguno, y sin embargo mató a doce."-
Ella no sabía que sería
aquello, y pensó y pensó, pero no daba en la solución. Abrió cuanto libro de
enigmas tenía, pero no estaba escrito en ninguno. En resumen, sus conocimientos
llegaron a su fin. Como ya no sabía como ayudarse, le ordenó a su criada
introducirse en el dormitorio del joven y que escuchara sus sueños, y pensó que
quizás hablara dormido y delatara el enigma.
Pero el astuto sirviente se
había acostado en la cama de su patrón, y cuando la criada llegó, él le jaló la
capa con que se había cubierto, y la echó dándole de palos.
A la segunda noche,
la hija del rey envió a su criada de más confianza a ver si ella podía
tener éxito en la misión de escuchar. Pero el sirviente también le soltó la
capa, y la echó dándole de palos.
Ahora el joven se sintió
seguro por la tercera noche y se instaló en su cama. Pero ahora vino la
princesa en persona, que se había puesto una capa gris oscuro, y se sentó cerca
de él. Y cuando pensó que ya se había dormido profundamente y soñaba, le habló,
esperanzada en que dormido le contestaría, como muchos lo hicieron, pero en
realidad él estaba despierto, y entendía y oía perfectamente. Entonces ella
preguntó:
-"Uno que nunca mató a
ninguno, ¿qué es eso?"-
Él contestó:
-"Un cuervo, que comió
de la carne de un caballo que había muerto por veneno."-
Y ella preguntó aún más:
-"Y sin embargo mató a
doce, ¿qué es eso?"-
Él contestó:
-"Significa que doce
asesinos, que comieron de la carne del cuervo, murieron por ello."-
Cuando ella supo la
respuesta del enigma, ella quiso salir corriendo, pero él le agarró la capa tan
fuerte que se vio obligada a soltarla y dejarla abandonada. A la mañana
siguiente la hija del rey anunció que ya había adivinado la respuesta al
enigma, y enviopor los doce jueces, exponiendo la solución ante ellos. Pero el
joven pidió su derecho a la defensa y dijo:
-"Ella entró
subrepticiamente a mi habitación en la noche y me interrogó, de otro modo no
hubiera podido saber la respuesta."-
Los jueces dijeron:
-"Danos una prueba de
eso."-
Entonces su sirviente
presentó los tres mantos capturados, y cuando vieron el manto gris oscuro que
la hija del rey acostumbraba usar, dijeron:
-"Que ese manto sea
decorado con oro y plata, para que ella lo use en su boda con este
joven."-
Y la boda se realizó, y
todos los que habían sido condenados por los enigmas previos, quedaron en
libertad inmediatamente.
Enseñanza:
Todo convenio debe
cumplirse limpiamente, sin engaños, tal como se acuerda.
El Buho

Hace trescientos o
cuatrocientos años, cuando la gente estaba muy lejos de ser tan mañosa y astuta
como lo es ahora, algo extraordinario ocurrió en un pequeño pueblo. Por alguna
circunstancia desconocida, uno de los grandes búhos, llamado búho cornudo,
llegó desde los bosques vecinos al establo de uno de los habitantes del pueblo
durante la noche, y cuando estaba la luz del día, no se atrevía a salir de su
nuevo refugio, por miedo a otras aves, que hacían un terrible escándalo cuando
él aparecía.
En la mañana, cuando el
sirviente del dueño de la propiedad fue al establo por algo de paja, se alarmó
tanto cuando vio al búho, que salió corriendo a anunciarle al patrón, que un
monstruo, como nunca había visto en su vida, y que podría devorar a un hombre
sin ninguna dificultad, estaba sentado en el granero y girando sus ojos
horriblemente.
-"Ya te conozco"-
dijo el patrón, -"y sé que tienes el coraje suficiente para perseguir un
mirlo por el campo, pero cuando ves una gallina muerta, primero te aseguras de
tener un buen palo contigo para acercarte a ella. Yo debo de ir personalmente
para ver que clase de monstruo es ese."-
Y el patrón se acercó
cuidadosamente al granero mirando alrededor. Sin embargo, cuando localizó a la
extraña creatura con sus propios ojos, no estuvo menos aterrorizado que su
sirviente.
Y en dos rápidos saltos
salió del establo, corrió donde sus vecinos, implorándoles que lo ayudaran
contra una desconocida y peligrosa bestia, porque si no, todo el pueblo estaría
en peligro, en caso de que la bestia abandonara el granero, donde estaba
posada.
Un gran estrépito y clamor
se formó en todas las calles, los pobladores se armaron con espadas, tridentes,
picos y hachas, como si fueran a luchar contra un poderoso enemigo, y
finalmente, hasta los regidores aparecieron con el alcalde a la cabeza.
Después de reunirse en la
plaza del mercado, marcharon al establo y lo rodearon por todos lados. Y allí,
uno de los más valerosos de todos ellos, avanzó y entró con su espada bajada,
pero regresó inmediatamente corriendo como desesperado y pálido como un muerto,
y no podía siquiera pronunciar una sola palabra. Otros dos más también se
aventuraron a entrar, pero no les fue nada mejor.
Por fin, un hombre grande,
que era famoso por sus acciones de guerra, avanzó y dijo:
-"El monstruo no se
irá por solamente verlo, debemos de vencerlo, pero he visto que todos se han
acobardado, y nadie se atreve a enfrentar al animal."-
Él pidió que le dieran
alguna armadura, consiguió un sable y una espada, y se armó el solo.
Todos alababan su coraje,
aunque muchos temían por su vida. Las dos puertas del establo fueron abiertas,
y todos vieron al búho, que en el entretanto se había colocado él mismo al
centro de una gran viga que cruzaba el establo.
El hombre llevó una
escalera, y cuando la levantó, y estaba listo para subir, todos gritaban que él
sí demostraba su bravura, y lo encomendaban a San Jorge, quien había derrotado
al dragón.
Cuando subió casi toda la
escalera, y el búho notó que venían en contra de él, y que la multitud le
gritaba y lo maldecía, y que no sabía cómo escapar, empezó a rotar sus ojos,
paró sus plumas, aleteó sus alas, abrió su pico y gritó:
-"¡Tujii!
¡Tujoo!"- con un tono muy desagradable.
-"¡Pégale duro!
¡Pégale duro!"- gritaba afuera la multitud al valiente héroe.
-"Cualquiera que
estuviera donde yo estoy"- contestaba el hombre, -"no se lamenta,
golpea."-
Y él entonces subió un
peldaño más de la escalera, pero se le empezó a tambalear, y sin poder
sostenerse, cayó estrepitosamente hacia atrás.
Ahora sí que nadie se
atrevía a ponerse en tal peligro.
-"El monstruo"-
dijeron, -"ha envenenado y herido mortalmente a nuestro hombre más fuerte
entre todos nosotros, con tan simplemente mirarlo y soplar sobre él. ¿Debemos
nosotros también, arriesgar nuestras vidas?"-
Ellos hicieron concejo
sobre que era lo que debían hacer para evitar que todo el pueblo fuera
destruido. Por un rato, todo lo que proponían parecía no tener ningún uso útil,
hasta que al final el alcalde sugirió una solución.
-"Mi opinión"-
dijo él, -"es que debemos, fuera de todo reglamento, pagar por este
establo, con todo lo que contiene, maíz, paja, y lino, para indemnificar al
dueño, y entonces quemarlo completamente, junto con la bestia que habita allí.
Así nadie arriesgará más su vida. No es hora de pensar en costos, y la
tacañería debe de olvidarse."-
Todos estuvieron de acuerdo
con él. Así que prendieron fuego por los cuatro costados al edificio, y el búho
fue miserablemente quemado.
Si alguien no quiere creer
la historia, que vaya allá y lo vea por sí mismo.
Enseñanza:
La ignorancia y los
prejuicios son totalmente perjudiciales para todos.
El Alimento de Dios
Había una vez dos hermanas,
una de las cuales no tenía hijos y era muy rica, y la otra tenía cinco hijos,
era viuda y muy pobre, y tan pobre que llegó un momento en que no tenía lo
suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus hijos.
En su necesidad, la hermana
pobre fue donde la rica y le dijo:
-"Mis hijos y yo
estamos sufriendo por el hambre. Tú, que eres rica, regálame un bocado de pan
para nosotros."-
La hermana muy rica, que
tenía su corazón más duro que una roca le dijo:
-"Yo misma no tengo
nada en esta casa."- y la despidió diciéndole palabras groseras.
Poco después llegó el
esposo de la hermana rica a su casa, y cuando cortó un pedazo de pan para él,
brotó del pan sangre roja. Cuando la mujer vio aquello, se aterrorizó, y le
contó lo que recién había ocurrido.
Él corrió entonces a ayudar
a la viuda y sus niños, pero al llegar la encontró rezando. Ella tenía a los
dos niños menores en sus brazos, y los tres mayores yacían muertos. Él le
ofreció darles alimentos, pero ella contestó:
-"Por alimento
terrestre, ya no tenemos deseos. Dios ya alivió el hambre de tres de nosotros,
y el también oirá las súplicas de los que quedamos."-
No más había terminado de
pronunciar aquellas palabras cuando los dos menores dieron su último suspiro, y
ella, con su corazón despedazado, cayó también muerta.
Enseñanza:
Quien ha recibido una buena
situación, debe compartirla con quien esté necesitado, sin excusas, y en el
momento preciso.
Las
Zapatillas Desgastadas por Danzar
Había una vez un rey que tenía doce hijas, y cada una
parecía más encantadora que la otra. Todas dormían en una misma alcoba, con sus
camas lado a lado, y cuando iban a dormir, el rey les cerraba con llave su
habitación para que nadie pudiera llegar a molestarlas.
Pero sucedía que en cada mañana, cuando él abría la
puerta, veía que las zapatillas de todas ellas estaban desgastadas como cuando
se baila mucho, y nadie podía imaginar como era que sucedía eso. Entonces el
rey emitió una proclama diciendo que quienquiera que descubriera cómo y donde
sus hijas iban a bailar, podría escoger a una de ellas por esposa, y que además
lo nombraría heredero del reino cuando él muriera. Pero eso sí, si al cabo de
tres días no había encontrado la respuesta, sería condenado a trabajos forzados
de por vida.
Al poco tiempo se presentó el hijo de otro rey, y se
ofreció para el intento. Fue muy bien recibido, y al anochecer fue alojado en
una habitación contigua a las princesas. Allí tenía su cama, y se alistó para
ver a dónde las princesas iban y bailaban. Y para asegurarse de que no hicieran
nada en secreto o se trasladaran a otro sitio, dejaba la puerta del cuarto de
ellas abierta.
Pero los párpados del príncipe se pusieron tan pesados
como el plomo, y cayó dormido, y cuando despertó en la mañana, vio que todas
las doce habían ido al baile, ya que sus zapatillas estaban con huecos en las
suelas. La segunda y tercera noche sucedió exactamente lo mismo, y fue
condenado a los trabajos forzados sin piedad.
Muchos otros vinieron luego a tratar de descifrar el
enigma, pero corrieron la misma suerte. Hasta que un día sucedió que un pobre
soldado, que tenía una herida que le impedía trabajar, se encontró en el camino
hacia la ciudad donde vivían el rey y sus princesas. Allí él conoció a
una anciana que le preguntó hacia donde iba.
-"Difícilmente lo sabría"- le respondió, y
agregó como en broma -"tengo la intención de descubrir en dónde es que
bailan las princesas y desgastan sus zapatillas, y así llegaría a ser
rey."-
-"Eso no es tan difícil"- dijo la anciana,
-"no debes de beber el vino que te ofrezcan al anochecer, y luego finges
estar profundamente dormido."-
Tras esas palabras ella le dio un manto y le dijo:
-"Cuando te lo pones encima, te harás invisible,
y entonces podrás vigilar a las doce doncellas."-
Habiendo recibido estas magníficas ayudas, decidió ir
al grano, alentó a su corazón, y fue donde el rey a anunciarse como competidor.
Él fue recibido tan bien como los anteriores, y le pusieron indumentaria real.
A la hora de dormir fue llevado a la habitación contigua, y cuando ya estaba a
punto de ir a su cama, llegó la mayor de las princesas trayéndole una copa de
vino. Pero como él ya estaba preparado, había amarrado una esponja bajo su
barbilla, y dejó correr el vino hacia ella, sin probar una sola gota y
sin que cayera nada al suelo.
Entonces se acostó en su cama, y pasado un rato
comenzó a fingir que roncaba, como si estuviera profundamente dormido. Las doce
princesas reían al oírlo, y la mayor dijo:
-"Él también, debió haberse evitado los futuros
trabajos forzados."-
Con todo eso sucedido, ellas se levantaron, fueron a
sus armarios, sacaron preciosos vestidos, se arreglaron ante los espejos, se
pintaron muy coquetamente, y se regocijaron pensando en el baile de esa noche.
Solamente la más joven dijo:
-"No sé que me pasa, ustedes están muy felices,
pero yo me siento extraña, con un presentimiento de que algo desafortunado nos
va a ocurrir."-
-"Pareces un ganso, que siempre pasa
asustado."- dijo la mayor, -"¿Has olvidado ya cuántos príncipes han
venido en vano? No había necesidad de darle un vino para dormir a un simple
soldado, pero de todas formas el payaso no despertará en toda la noche."-
Cuando ya todas estuvieron realmente listas,
observaron con cuidado al soldado, pero él había cerrado muy bien sus ojos, y
no se movía para nada, así que se sintieron bien seguras. Entonces la mayor se
dirigió a su cama, la golpeó, y la cama se hundió en la tierra, dejando a la
vista un pasadizo secreto, y todas, una a una, descendieron por él, yendo de
primera la mayor.
El soldado, que había observado todo, se levantó de
inmediato, se puso el manto encima, y bajó detrás de la más joven. A medio
camino de las gradas, él majó el ruedo del vestido de ella. Al no ver a nadie,
ella se asustó muchísimo y gritó:
-"¿Qué pasa? ¿Quien me está majando mi
vestido?"-
-"¡No seas tonta!"- dijo la mayor,
-"¡Simplemente se te prensó en un clavo!"-
Siguieron bajando las gradas, y cuando llegaron al
final, se encontraban en una maravillosa avenida de árboles cuyas hojas eran de
plata, que brillaban y parpadeaban. El soldado pensó:
-"Llevaré una muestra conmigo"-
Y arrancó una pequeña ramita de ellos, con lo cual el
árbol sonó estrepitosamente.
La menor gritó de nuevo:
-"¡Algo anda mal!, ¿no oyeron quebrarse una
rama?"-
Pero la mayor contestó:
-"Es solo un arma disparada para celebrar que nos
hemos librado de otro concursante rápidamente."
Siguieron más adelante a una avenida donde todos los
árboles tenían sus hojas de oro, y por último a una tercera en que las tenían
de diamante. Él corto una ramita de cada clase, las que también hicieron un
gran estruendo al quebrarse, y que aterrorizaron aún más a la más joven, pero
la mayor insistía en que eran saludos de bienvenida.
Luego llegaron a un gran lago donde se encontraban
doce botes, y en cada bote estaba sentado un apuesto príncipe, quienes
esperaban por ellas, y cada princesa se subió al bote de su correspondiente
príncipe. El soldado con la capa invisible se sentó en el bote de la más joven.
Entonces su príncipe dijo:
-"No sé por qué, pero siento al bote más pesado
que de costumbre. Tendré que remar con todas mis fuerzas para atravesar el
lago."-
-"¿Y qué podría ser la causa?"- preguntó
ella, -"¿será acaso el tiempo caliente? Hoy siento mucho calor."-
Al lado opuesto del lago se presentaba un espléndido
castillo de luces brillantes, donde resonaba música deleitante de trompetas,
panderetas y tambores. Todos bajaron allí, entraron y cada príncipe danzó con
la joven de su preferencia, y el soldado se mezclaba entre los danzantes sin
ser visto, y cuando alguna de ellas tenía una copa de vino en su mano, él la
bebía, de modo que cuando ella iba a beberla, ya estaba vacía. La menor estaba
bien alarmada por todo eso, pero la mayor siempre la obligaba a callar.
Ellos y ellas bailaban hasta las tres de la mañana,
cuando ya todas las zapatillas tenían sus suelas llenas de huecos, y se veían
forzadas a regresar. Los príncipes las acompañaron remando en sus botes, pero
esta vez el soldado se montó en el bote de la mayor. Cuando atravesaron el
lago, ellos las ayudaron a bajar de los botes y prometieron regresar a la
noche siguiente.
El soldado se adelantó a todas ellas y subió de prisa
las gradas y se acostó en su cama. Cuando las princesas llegaron despaciosa y
silenciosamente, lo observaron aparentemente bien dormido, y roncaba tan fuerte
que se dijeron:
-"En cuanto a él concierne, podemos estar
tranquilas."-
Ellas se cambiaron sus trajes por su ropa de dormir,
pusieron sus zapatillas desgastadas bajo las camas, y se acostaron a dormir. Al
día siguiente el soldado decidió no hablar aún, pero sí a vigilarlas de nuevo,
y sin que lo vieran, las acompañó. Y todo sucedió como la noche anterior, y
bailaban hasta que sus zapatillas quedaban desgastadas. Pero a la tercera noche
el se guardó una copa como testimonio.
Cuando llegó el momento de dar su informe, él tomó las
tres ramas y la copa, y fue donde el rey. Las doce doncellas permanecieron
detrás de la puerta para escuchar lo que él diría. El rey preguntó:
-"¿En dónde has estado mis hijas desgastando sus
zapatillas bailando?"-
El soldado contestó:
-"En un castillo bajo la tierra, con doce
príncipes."-, y relató cómo sucedió todo, y cómo trajo las muestras de
testimonio.
El rey llamó a su presencia a las princesas y les
preguntó si el soldado había dicho la verdad. Al ver ellas las pruebas
contundentes, y que cualquier falsedad no tendría cabida, se vieron obligadas a
confesarlo todo. Entonces el rey le preguntó al soldado cuál preferiría por
esposa, él contestó:
-"Ya no soy tan joven, así que escojo a la
mayor."-
Y ese mismo día se celebró la boda, y se formalizó la
promesa de dejarle el reino a su fallecimiento. A solicitud del soldado,
el rey liberó de su condena a los que con anterioridad habían intentado
descubrir el misterio pero que fallaron.
Enseñanza:
Teniendo precaución y con las herramientas adecuadas,
las tareas se pueden realizar exitosamente.