martes, 30 de junio de 2015

La Serpiente Blanca

La Serpiente Blanca  


Hace mucho tiempo vivía un rey, famoso en todo el país por su sabiduría. Nada le era oculto; y parecía que por el aire le llegaban las noticias de las cosas más desconocidas  y secretas. Pero tenía una extraña  costumbre. Todos los días, después de la cena, cuando la mesa había sido retirada y cuando nadie se hallaba presente, un criado de confianza le servía un plato más. Estaba tapado, y ni siquiera el criado sabía lo que contenía, pues el Rey no lo descubría ni lo comía hasta encontrarse completamente solo.
Las cosas siguieron así durante mucho tiempo, hasta que un día al criado que retiraba el plato, le entró una curiosidad irresistible, y después de retirar el plato, lo llevó a su propia habitación. Cerró la puerta con todo cuidado, levantó la tapadera y vio que en la bandeja yacía una serpiente blanca. No pudo resistir el antojo de probarla, cortó un pedacito y se lo llevó a la boca.
Apenas lo hubo tocado con la lengua, cuando oyó un extraño susurro de suaves voces que venían de afuera de la ventana. Él fue y escuchó con detenimiento, y observó que eran gorriones que hablaban entre sí, contándose mil cosas que vieran en los campos y bosques. Al comer aquel pedacito de serpiente había recibido el don de entender el lenguaje de los animales.

Sucedió que aquel mismo día se extravió la sortija más valiosa de la Reina, y la sospecha del robo recayó sobre el fiel criado que tenía acceso a todo lugar del palacio. El Rey le mandó comparecer a su presencia, y con duras palabras le amenazó,  diciéndole que si para el día siguiente no lograba descubrir al ladrón, la culpa recaería en él y sería severamente castigado. En vano argumentó su inocencia; y fue retirado sin lograr una mejor respuesta.
Con su problema y angustia, bajó al patio, pensando en la manera de salir del apuro. En eso algunos patos descansaban  tranquilamente en el arroyo, y mientras se alisaban las plumas con el pico, sostenían  una animada conversación. El criado se detuvo a escucharlos. 
Conversaban sobre dónde habían pasado la mañana y lo que habían encontrado para comer. Uno de ellos dijo algo disgustado:
-"Siento muy pesado el estómago. Por estar comiendo de prisa, me tragué una sortija que estaba al pie de la ventana de la Reina."-
Inmediatamente, el criado lo agarró por el cuello, lo llevó a la cocina y dijo al cocinero:
- Éste es un buen pato, que ya está en buena condición para la cena."-
- "Cierto"- dijo el cocinero sopesándolo con la mano, -"él no ha tenido reparo en engordar por sí mismo, y hace días que estaba esperando ir al asador."-
El cocinero lo empezó a preparar, y cuando lo estaba adobando, apareció en su estómago el anillo de la reina.
Ahora el fiel criado pudo probar su inocencia, y el rey, queriendo rectificar su error, le ofreció el mejor puesto que quisiera dentro de la corte. 
El criado declinó este honor y solamente pidió un caballo y algún dinero para viajar, pues deseaba ver el mundo y pasarse un tiempo recorriéndole. 
Otorgada su petición, se puso en camino y un día llegó a un estanque, donde observó tres peces que habían quedado aprisionados entre cañas y luchaban por volver al agua. Ahora, aunque se diga que los peces son mudos, el hombre entendió los miserables lamentos de aquellos animales, por verse condenados a una muerte tan miserable,  y como él era de corazón compasivo, se apeó de su caballo y devolvió los tres peces al agua. Ellos saltaban de alegría, y asomando las cabezas, le dijeron:
-" Nos acordaremos de tí, y ya te pagaremos por salvarnos."-
Siguió cabalgando, y al cabo de un rato le pareció oír  una voz en la arena a sus pies. Escuchó con atención, y oyó a la reina de un hormiguero que se quejaba:
         
             
- "¿Por qué esos hombres, con sus torpes bestias, no nos dejan de maltratar tanto? Ese caballo estúpido, con sus pesados cascos, está aplastando sin compasión a mi gente."-
Entonces él se hizo a un lado del camino, y la reina de las hormigas le gritó:

-" ¡Nos acordaremos de ti, una buena acción, depara otra!"-

El camino lo condujo a un bosque, y allí vio una pareja de cuervos a la orilla de su nido, que arrojaban de él a sus hijos:
- ¡Fuera de aquí, vagabundos, buenos para nada!"- les gritaban. -"No podemos seguir alimentándolos. Ya están bastante grandecitos para proveerse por sí mismos."-
Pero los pobres polluelos quedaban
 en el suelo, agitando sus alitas y lloriqueando:

- "¡Oh, que desdichados somos,  que debemos de buscarnos la comida y todavía no sabemos volar! ¿Qué más podremos hacer, sino morirnos de hambre?"-
Se bajó el joven, mató al caballo con su espada  y dejó su cuerpo para alimento de los pequeños cuervos, los cuales se acercaron a saltos sobre la presa y, una vez satisfechos, dijeron:
- ¡Nos acordaremos de tí y te lo pagaremos!
El criado tubo que seguir su viaje a pie, y después de caminar un largo trecho, llegó a una gran ciudad. Había gran ruido y multitud de gente en las calles, y un hombre venía montado a caballo, gritando en voz alta:
-"La hija del rey desea un esposo, pero quien pretenda su mano debe cumplir una dura tarea, y si no lo logra será severamente castigado."-
Muchos ya habían hecho el intento, pero en vano. Sin embargo, cuando el joven vio a la princesa, fue cautivado por su belleza, y olvidando cualquier peligro, fue donde el rey y se declaró como pretendiente.
Entonces lo condujeron mar adentro, y en su presencia arrojaron al fondo un anillo. El Rey le ordenó que trajese el anillo del fondo del mar, y añadió:
-"Si vuelves sin ella, serás precipitado al mar y abandonado a tu suerte."-
Todos los presentes se compadecieron del apuesto mozo, y se retiraron dejando al joven solo en la playa. Él se quedó allí, considerando lo que debía de hacer, cuando de pronto vio tres peces que se le acercaban, y que no eran sino aquellos tres que él había salvado. El que venía en medio llevaba en la boca una concha, que depositó en la playa, a los pies del joven. Él la recogió y la abrió, y en su interior estaba  el anillo de oro.
Lleno de alegría lo llevó al rey, esperando  que le concediese la prometida recompensa. 

Pero la orgullosa princesa, al saber que su pretendiente no era más que un simple criado, lo rechazó, exigiéndole la realización de una nueva tarea. Salió al jardín, y con sus propias manos esparció entre la hierba diez sacos llenos de semilla de mijo y dijo:
- "Mañana, antes de que salga el sol, debes haberlo recogido todo, sin que falte un solo  grano."-
El joven se sentó en el jardín pensando  sobre como podría cumplir aquella tarea. Pero no se le ocurría nada, y se sentó muy triste pensando que a la mañana siguiente le sería impuesto un terrible castigo. Pero cuando los primeros rayos del sol iluminaron el jardín, encontró los diez sacos  completamente llenos, uno al lado del otro, sin que faltase un solo grano. Por la noche había acudido la reina de las hormigas con sus miles y miles de súbditos, y los agradecidos animalitos habían recogido el mijo muy diligentemente, y lo habían depositado en los sacos.
Bajó la princesa en persona al jardín y pudo ver muy asombrada que el joven había hecho la tarea encomendada. Pero su corazón orgulloso no estaba saciado aún, y dijo:
-"Aunque él haya realizado las dos tareas,  no será mi esposo hasta que me traiga una manzana del Árbol de la Vida."-
El pretendiente ignoraba dónde crecía aquel árbol, pero se puso en camino, dispuesto a no detenerse mientras lo sostuvieran sus  piernas, aunque no abrigaba esperanza alguna de encontrar lo. Después de haber  recorrido ya tres reinos, un atardecer llegó a un bosque y se tendió a dormir debajo de un árbol. Pero él oyó un rumor entre las ramas, y al instante una manzana dorada cayó en sus manos. En ese mismo momento bajaron volando tres cuervos, que se posaron sobre sus rodillas, y le dijeron:
-"Somos aquellos cuervos pequeñitos que salvaste de morir de hambre. Ahora, ya crecidos, supimos que andabas en busca de la manzana del Árbol de la Vida, entonces cruzamos  volando el mar y llegamos hasta el confín del mundo, donde crece el Árbol de la Vida, y te hemos traído la manzana"-

El joven, con todo júbilo, reemprendió el camino de regreso, y llevó la manzana dorada a la bella princesa, la cual no puso ya más excusas. Ellos partieron la manzana de la vida en dos mitades y se la comieron juntos. De inmediato en el corazón de la princesa brotó un sincero y gran amor por el joven, y vivieron muy felices hasta el fin de sus vidas.

Enseñanza:

Siempre, en el momento que fuese más oportuno, deben retribuirse los favores recibidos. 

El Manto

El Manto


Hubo una vez una madre que tenía un niño de siete años, quien era tan tierno y bondadoso que todo aquél que lo conocía, no podía dejar de amarlo, y ella lo adoraba sobre todas las cosas del mundo.
Y sucedió que repentinamente él se enfermó, y Dios lo llamó a su lado, y desde entonces su madre no encontró consuelo y lloraba por él día y noche. Pero poco después de que el niño había sido sepultado, aparecía por las noches en los sitios que él acostumbraba jugar y estar cuando vivió, y si su madre lloraba, él también lloraba, y al llegar el amanecer, él desaparecía.
Y como la madre no dejaba de llorar, él llegó una noche envuelto en su manto blanco con el que había sido enterrado, y con una corona de flores sobre su cabeza, y se sentó en la cama a los pies de su madre y le dijo:
-"Oh madre, por favor deja de llorar, o nunca podré llegar felizmente al reino de Dios, pues mi manto no se seca a causa de tus muchas lágrimas, que caen sobre él."-

La madre se atemorizó cuando escuchó aquello, y ya no lloró más. 
A la noche siguiente el niño vino de nuevo, y sostenía una pequeña luz en mano y le dijo:
-"Mira, mamá, mi manto ya está seco y ahora puedo partir felizmente a la casa de Dios."-
Entonces la madre entregó su dolor en las manos de Dios, y tuvo tranquilidad y paciencia, y el niño ya no volvió más, quien ahora estaba feliz en su nuevo hogar celestial.


Enseñanza:

Ante lo que es imposible de cambiar, lo mejor es la comprensión, la amorosa resignación y la aceptación de la voluntad Divina. 

El Azote del Cielo

El Azote del Cielo


Un campesino salió cierto día a arar llevando un par de bueyes. Cuando llegó al campo, los cuernos de los bueyes empezaron a crecer y crecer, y cuando tuvo que regresar a casa, los cuernos estaban tan grandes que no podían pasar por la puerta del establo.
Por buena suerte un carnicero pasaba por ahí, y llamándolo se los ofreció en venta, y finalizó el trato de la siguiente manera: 
que él le daría al carnicero una taza de medida llena de semillas de nabo, y que el carnicero le daría tantas monedas de Brabant como semillas de nabo hubiera en la taza.
¡A eso llamó yo un buen negocio!
El campesino entonces fue a su casa y trajo de regreso la taza con las semillas de nabo. Sin embargo, en el camino una semilla se cayó de la taza. El carnicero le pagó lo acordado, y si el campesino no hubiera perdido esa semilla, tendría una moneda más.
Mientras tanto, cuando el campesino regresaba a casa, la semilla había nacido y crecido hasta convertirse en un árbol, tan alto que llegaba hasta el cielo. Entonces el campesino pensó:
-"Ahora que tienes la oportunidad, puedes ver que están haciendo los ángeles allá arriba, y por al menos esta vez, los tendrás frente a tus ojos."-
Así que trepó al árbol, y vio que los ángeles estaban azotando las espigas de avena, y se quedó mirando. 
  
                                
Y mientras miraba, notó que el árbol sobre el cual estaba subido, empezó a vibrar,  y se asomó hacia abajo y vio que alguien estaba tratando de cortarlo.
 -"Si yo caigo desde aquí, eso será algo muy malo."- pensó.
Y en su apuro, para salvarse no pensó en otra cosa que tomar tallos de avena que estaban amontonados en grupos, trenzarlos y así hacerse de una cuerda. De igual forma, tomó un azadón y un azote de los que se usan para azotar los cereales y que estaban a su alcance, y empezó a bajar por medio de la cuerda que recién había hecho.

Pero al llegar a la tierra, cayó exactamente en un enorme hueco, muy hondo. Fue una verdadera suerte que hubiera traído el azadón, porque con él fue cavando gradas hasta que salió a la superficie. Y subió consigo también el azote como prueba de su verdad, para que así, viéndolo en su mano, nadie intentara dudar de su historia.

Enseñanza:

La amenaza es con lo que actúan siempre quienes quieren imponer "su verdad", con menosprecio de lo que piensen los demás.

El Enigma

El Enigma


Hubo una vez un hijo de un rico comerciante que estaba poseído por un fuerte deseo de viajar por el mundo, y decidió hacerlo haciéndose acompañar solamente por un fiel sirviente. Un día llegó a un gran bosque, y al final de la tarde no había encontrado aún un  refugio, y no sabía donde pasar la noche. En eso vio a una mujer que se dirigía hacia una pequeña casa, y acercándose a ella vio que era una joven doncella. Él le habló diciéndole:
-"Querida joven, ¿podríamos mi sirviente y yo encontrar posada por esta noche en esa casita?"-
-"Oh, sí"- respondió con una voz triste, -"ciertamente que podrían, pero les aconsejo que no se aventuren a eso. No vayan."-
-"¿Por qué no?"- preguntó el muchacho.
La joven suspiró y dijo:
-"Mi patrona practica malas artes y siempre está indispuesta con los extraños."-
Entonces comprendió que habían llegado a la casa de una bruja, pero como ya estaba oscuro y no podían avanzar más, y también porque no era temeroso, entraron.
La vieja mujer estaba sentada en una mecedora cerca del fuego, y miró al extraño con sus rojos ojos.
-"Buenas noches"-gruñó ella, y fingió ser muy amable. -"Tomen un asiento y descansen."- 
Ella sopló el fuego en el que estaba cocinando algo en una pequeña olla. Su criada les advirtió a los dos viajeros que tuvieran prudencia, que no comieran ni bebieran nada, pues la anciana preparaba bebidas envenenadas. Ellos durmieron en calma hasta el amanecer. Cuando ya se alistaban para su salida, y el hijo del comerciante estaba ya sentado sobre su caballo, la anciana dijo:
-"Paren un momento, les daré una manita con una bebida para la partida."-
Mientras ella traía la bebida, el joven se fue, y el sirviente, que tenía que tenía que abrochar firmemente su silla de montar, fue el único que quedó presente cuando la malvada bruja llegó con la bebida.
-"Llévale esto a tu patrón."- dijo ella.
Pero en ese momento el vaso se volcó y el veneno se regó sobre el caballo, y era tan fuerte que inmediatamente el caballo cayó muerto.
El sirviente corrió tras de su patrón y le contó lo que había sucedido, pero no quería dejar su silla de montar tras de sí, y regresó a recogerla. Sin embargo cuando llegó donde el caballo muerto, un cuervo estaba sobre él picoteándolo para devorarlo. 
-"¿Quién sabe si podremos encontrar algo mejor para hoy?"- dijo el sirviente.
Así que mató al cuervo y se lo llevó. Y siguieron su camino dentro del bosque el resto del día, pero no salían de él. Al anochecer encontraron una posada y entraron en ella. El sirviente le dio el cuervo al posadero para que lo alistara para la cena. Pero no sabían que habían llegado a una guarida de asesinos, y durante la oscuridad de la noche, llegaron doce de ellos, con la intención de matar a los recién llegados y robarles. Pero antes de cometer su objetivo, se sentaron a cenar, y el posadero y la bruja se sentaron con ellos, y juntos tomaron un plato de sopa que se había hecho con la carne del cuervo. No habían terminado de tomar un par de cucharadas, cuando todos cayeron muertos, pues el cuervo les transmitió el veneno que había picoteado del caballo. No quedó vivo nadie más en la posada que la hija del posadero, quien era honesta, y nunca tomaba parte de sus malvados actos. Ella le abrió todas la puertas al extraño, y le mostró los tesoros que había apilados. Pero el muchacho le dijo que podía quedarse con todo aquello, y que él no tomaría ninguna cosa. Y siguió su camino junto con el sirviente.
Después de haber viajado un largo trecho, llegaron a un pueblo en el cual había una bella, pero muy orgullosa princesa, quien había mandado a proclamar que el hombre que  le propusiera a ella un enigma que ella no pudiera resolver, lo haría su esposo. Pero eso sí, si ella resolvía el enigma, él sería encarcelado por todo un año.

                                
Ella se daba tres días para resolver el enigma, pero era una chica tan lista, que por lo general al primer día ya tenía la respuesta. Nueve pretendientes purgaban ya la condena por su intento, cuando llegó el hijo del comerciante, y cegado por el encanto de la princesa, estuvo dispuesto a perder su libertad.
Entonces fue donde ella, y le propuso su enigma.
-"¿Qué es"- dijo -"uno que nunca mató a ninguno, y sin embargo mató a doce."-
Ella no sabía que sería aquello, y pensó y pensó, pero no daba en la solución. Abrió cuanto libro de enigmas tenía, pero no estaba escrito en ninguno. En resumen, sus conocimientos llegaron a su fin. Como ya no sabía como ayudarse, le ordenó a su criada introducirse en el dormitorio del joven y que escuchara sus sueños, y pensó que quizás hablara dormido y delatara el enigma.
Pero el astuto sirviente se había acostado en la cama de su patrón, y cuando la criada llegó, él le jaló la capa con que se había cubierto, y la echó dándole de palos.
 A la segunda noche, la hija del rey envió a su criada de más confianza a ver si ella podía  tener éxito en la misión de escuchar. Pero el sirviente también le soltó la capa, y la echó dándole de palos.
Ahora el joven se sintió seguro por la tercera noche y se instaló en su cama. Pero ahora vino la princesa en persona, que se había puesto una capa gris oscuro, y se sentó cerca de él. Y cuando pensó que ya se había dormido profundamente y soñaba, le habló, esperanzada en que dormido le contestaría, como muchos lo hicieron, pero en realidad él estaba despierto, y entendía y oía perfectamente. Entonces ella preguntó:
-"Uno que nunca mató a ninguno, ¿qué es eso?"-
Él contestó:
-"Un cuervo, que comió de la carne de un caballo que había muerto por veneno."-
Y ella preguntó aún más:
-"Y sin embargo mató a doce, ¿qué es eso?"-
Él contestó:
-"Significa que doce asesinos, que comieron de la carne del cuervo, murieron por ello."-
Cuando ella supo la respuesta del enigma, ella quiso salir corriendo, pero él le agarró la capa tan fuerte que se vio obligada a soltarla y dejarla abandonada. A la mañana siguiente la hija del rey anunció que ya había adivinado la respuesta al enigma, y enviopor los doce jueces, exponiendo la solución ante ellos. Pero el joven pidió su derecho a la defensa y dijo:
-"Ella entró subrepticiamente a mi habitación en la noche y me interrogó, de otro modo no hubiera podido saber la respuesta."-
Los jueces dijeron:
-"Danos una prueba de eso."-

Entonces su sirviente presentó los tres mantos capturados, y cuando vieron el manto gris oscuro que la hija del rey acostumbraba usar, dijeron:

-"Que ese manto sea decorado con oro y plata, para que ella lo use en su boda con este joven."-
Y la boda se realizó, y todos los que habían sido condenados por los enigmas previos, quedaron en libertad inmediatamente.

Enseñanza:


Todo convenio debe cumplirse limpiamente, sin engaños, tal como se acuerda.

martes, 23 de junio de 2015

El Buho

El Buho


Hace trescientos o cuatrocientos años, cuando la gente estaba muy lejos de ser tan mañosa y astuta como lo es ahora, algo extraordinario ocurrió en un pequeño pueblo. Por alguna circunstancia desconocida, uno de los grandes búhos, llamado búho cornudo, llegó desde los bosques vecinos al establo de uno de los habitantes del pueblo durante la noche, y cuando estaba la luz del día, no se atrevía a salir de su nuevo refugio, por miedo a otras aves, que hacían un terrible escándalo cuando él aparecía. 
En la mañana, cuando el sirviente del dueño de la propiedad fue al establo por algo de paja, se alarmó tanto cuando vio al búho, que salió corriendo a anunciarle al patrón, que un monstruo, como nunca había visto en su vida, y que podría devorar a un hombre sin ninguna dificultad, estaba sentado en el granero y girando sus ojos horriblemente.
-"Ya te conozco"- dijo el patrón, -"y sé que tienes el coraje suficiente para perseguir un mirlo por el campo, pero cuando ves una gallina muerta, primero te aseguras de tener un buen palo contigo para acercarte a ella. Yo debo de ir personalmente para ver que clase de monstruo es ese."-
Y el patrón se acercó cuidadosamente al granero mirando alrededor. Sin embargo, cuando localizó a la extraña creatura con sus propios ojos, no estuvo menos aterrorizado que su sirviente.
Y en dos rápidos saltos salió del establo, corrió donde sus vecinos, implorándoles que lo ayudaran contra una desconocida y peligrosa bestia, porque si no, todo el pueblo estaría en peligro, en caso de que la bestia abandonara el granero, donde estaba posada. 
Un gran estrépito y clamor se formó en todas las calles, los pobladores se armaron con espadas, tridentes, picos y hachas, como si fueran a luchar contra un poderoso enemigo, y finalmente, hasta los regidores aparecieron con el alcalde a la cabeza.
Después de reunirse en la plaza del mercado, marcharon al establo y lo rodearon por todos lados. Y allí, uno de los más valerosos de todos ellos, avanzó y entró con su espada bajada, pero regresó inmediatamente corriendo como desesperado y pálido como un muerto, y no podía siquiera pronunciar una sola palabra. Otros dos más también se aventuraron a entrar, pero no les fue nada mejor.
Por fin, un hombre grande, que era famoso por sus acciones de guerra, avanzó y dijo:
-"El monstruo no se irá por solamente verlo, debemos de vencerlo, pero he visto que todos se han acobardado, y nadie se atreve a enfrentar al animal."-
Él pidió que le dieran alguna armadura, consiguió un sable y una espada, y se armó el solo. 

                                                  

Todos alababan su coraje, aunque muchos temían por su vida. Las dos puertas del establo fueron abiertas, y todos vieron al búho, que en el entretanto se había colocado él mismo al centro de una gran viga que cruzaba el establo. 
El hombre llevó una escalera, y cuando la levantó, y estaba listo para subir, todos gritaban que él sí demostraba su bravura, y lo encomendaban a San Jorge, quien había derrotado al dragón.
Cuando subió casi toda la escalera, y el búho notó que venían en contra de él, y que la multitud le gritaba y lo maldecía, y que no sabía cómo escapar, empezó a rotar sus ojos, paró sus plumas, aleteó sus alas, abrió su pico y gritó:
-"¡Tujii! ¡Tujoo!"- con un tono muy desagradable. 
-"¡Pégale duro! ¡Pégale duro!"- gritaba afuera la multitud al valiente héroe.
-"Cualquiera que estuviera donde yo estoy"- contestaba el hombre, -"no se lamenta, golpea."-
Y él entonces subió un peldaño más de la escalera, pero se le empezó a tambalear, y sin poder sostenerse, cayó estrepitosamente hacia atrás.
Ahora sí que nadie se atrevía a ponerse en tal peligro.
-"El monstruo"- dijeron, -"ha envenenado y herido mortalmente a nuestro hombre más fuerte entre todos nosotros, con tan simplemente mirarlo y soplar sobre él. ¿Debemos nosotros también, arriesgar nuestras vidas?"-
Ellos hicieron concejo sobre que era lo que debían hacer para evitar que todo el pueblo fuera destruido. Por un rato, todo lo que proponían parecía no tener ningún uso útil, hasta que al final el alcalde sugirió una solución.

-"Mi opinión"- dijo él, -"es que debemos, fuera de todo reglamento, pagar por este establo, con todo lo que contiene, maíz, paja, y lino, para indemnificar al dueño, y entonces quemarlo completamente, junto con la bestia que habita allí. Así nadie arriesgará más su vida. No es hora de pensar en costos, y la tacañería debe de olvidarse."-
Todos estuvieron de acuerdo con él. Así que prendieron fuego por los cuatro costados al edificio, y el búho fue miserablemente quemado. 
Si alguien no quiere creer la historia, que vaya allá y lo vea por sí mismo.

Enseñanza:
La ignorancia y los prejuicios son totalmente perjudiciales para todos.

lunes, 22 de junio de 2015

El Alimento de Dios

El Alimento de Dios 


Había una vez dos hermanas, una de las cuales no tenía hijos y era muy rica, y la otra tenía cinco hijos, era viuda y muy pobre, y tan pobre que llegó un momento en que no tenía lo suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus hijos.
En su necesidad, la hermana pobre fue donde la rica y le dijo:
-"Mis hijos y yo estamos sufriendo por el hambre. Tú, que eres rica, regálame un bocado de pan para nosotros."-
La hermana muy rica, que tenía su corazón más duro que una roca le dijo:
-"Yo misma no tengo nada en esta casa."- y la despidió diciéndole palabras groseras.
Poco después llegó el esposo de la hermana rica a su casa, y cuando cortó un pedazo de pan para él, brotó del pan sangre roja. Cuando la mujer vio aquello, se aterrorizó, y le contó lo que recién había ocurrido.

Él corrió entonces a ayudar a la viuda y sus niños, pero al llegar la encontró rezando. Ella tenía a los dos niños menores en sus brazos, y los tres mayores yacían muertos. Él le ofreció darles alimentos, pero ella contestó:
-"Por alimento terrestre, ya no tenemos deseos. Dios ya alivió el hambre de tres de nosotros, y el también oirá las súplicas de los que quedamos."-
No más había terminado de pronunciar aquellas palabras cuando los dos menores dieron su último suspiro, y ella, con su corazón despedazado, cayó también muerta.


Enseñanza:

Quien ha recibido una buena situación, debe compartirla con quien esté necesitado, sin excusas, y en el momento preciso.

sábado, 20 de junio de 2015

Las Zapatillas Desgastadas por Danzar

Las Zapatillas Desgastadas por Danzar


Había una vez un rey que tenía doce hijas, y cada una parecía más encantadora que la otra. Todas dormían en una misma alcoba, con sus camas lado a lado, y cuando iban a dormir, el rey les cerraba con llave su habitación para que nadie pudiera llegar a molestarlas.
Pero sucedía que en cada mañana, cuando él abría la puerta, veía que las zapatillas de todas ellas estaban desgastadas como cuando se baila mucho, y nadie podía imaginar como era que sucedía eso. Entonces el rey emitió una proclama diciendo que quienquiera que descubriera cómo y donde sus hijas iban a bailar, podría escoger a una de ellas por esposa, y que además lo nombraría heredero del reino cuando él muriera. Pero eso sí, si al cabo de tres días no había encontrado la respuesta, sería condenado a trabajos forzados de por vida. 
Al poco tiempo se presentó el hijo de otro rey, y se ofreció para el intento. Fue muy bien recibido, y al anochecer fue alojado en una habitación contigua a las princesas. Allí tenía su cama, y se alistó para ver a dónde las princesas iban y bailaban. Y para asegurarse de que no hicieran nada en secreto o se trasladaran a otro sitio, dejaba la puerta del cuarto de ellas abierta. 
Pero los párpados del príncipe se pusieron tan pesados como el plomo, y cayó dormido, y cuando despertó en la mañana, vio que todas las doce habían ido al baile, ya que sus zapatillas estaban con huecos en las suelas. La segunda y tercera noche sucedió exactamente lo mismo, y fue condenado a los trabajos forzados sin piedad.
Muchos otros vinieron luego a tratar de descifrar el enigma, pero corrieron la misma suerte. Hasta que un día sucedió que un pobre soldado, que tenía una herida que le impedía trabajar, se encontró en el camino hacia la ciudad donde vivían el rey y sus princesas. Allí él conoció a una  anciana que le preguntó hacia donde iba.
-"Difícilmente lo sabría"- le respondió, y agregó como en broma -"tengo la intención de descubrir en dónde es que bailan las princesas y desgastan sus zapatillas, y así llegaría a ser rey."-
-"Eso no es tan difícil"- dijo la anciana, -"no debes de beber el vino que te ofrezcan al anochecer, y luego finges estar profundamente dormido."-
Tras esas palabras ella le dio un manto y le dijo:
-"Cuando te lo pones encima, te harás invisible, y entonces podrás vigilar a las doce doncellas."-
Habiendo recibido estas magníficas ayudas, decidió ir al grano, alentó a su corazón, y fue donde el rey a anunciarse como competidor. Él fue recibido tan bien como los anteriores, y le pusieron indumentaria real. A la hora de dormir fue llevado a la habitación contigua, y cuando ya estaba a punto de ir a su cama, llegó la mayor de las princesas trayéndole una copa de vino. Pero como él ya estaba preparado, había amarrado una esponja bajo su barbilla, y dejó correr el  vino hacia ella, sin probar una sola gota y sin que cayera nada al suelo.
Entonces se acostó en su cama, y pasado un rato comenzó a fingir que roncaba, como si estuviera profundamente dormido. Las doce princesas reían al oírlo, y la mayor dijo:
-"Él también, debió haberse evitado los futuros trabajos forzados."-
Con todo eso sucedido, ellas se levantaron, fueron a sus armarios, sacaron preciosos vestidos, se arreglaron ante los espejos, se pintaron muy coquetamente, y se regocijaron pensando en el baile de esa noche. Solamente la más joven dijo:
-"No sé que me pasa, ustedes están muy felices, pero yo me siento extraña, con un presentimiento de que algo desafortunado nos va a ocurrir."-
-"Pareces un ganso, que siempre pasa asustado."- dijo la mayor, -"¿Has olvidado ya cuántos príncipes han venido en vano? No había necesidad de darle un vino para dormir a un simple soldado, pero de todas formas el payaso no despertará en toda la noche."-
Cuando ya todas estuvieron realmente listas, observaron con cuidado al soldado, pero él había cerrado muy bien sus ojos, y no se movía para nada, así que se sintieron bien seguras. Entonces la mayor se dirigió a su cama, la golpeó, y la cama se hundió en la tierra, dejando a la vista un pasadizo secreto, y todas, una a una, descendieron por él, yendo de primera la mayor. 



El soldado, que había observado todo, se levantó de inmediato, se puso el manto encima, y bajó detrás de la más joven. A medio camino de las gradas, él majó el ruedo del vestido de ella. Al no ver a nadie, ella se asustó muchísimo y gritó: 
-"¿Qué pasa? ¿Quien me está majando mi vestido?"-
-"¡No seas tonta!"- dijo la mayor, -"¡Simplemente se te prensó en un clavo!"-
Siguieron bajando las gradas, y cuando llegaron al final, se encontraban en una maravillosa avenida de árboles cuyas hojas eran de plata, que brillaban y parpadeaban. El soldado pensó:
-"Llevaré una muestra conmigo"- 
Y arrancó una pequeña ramita de ellos, con lo cual el árbol sonó estrepitosamente.
La menor gritó de nuevo:
-"¡Algo anda mal!, ¿no oyeron quebrarse una rama?"-
Pero la mayor contestó:
-"Es solo un arma disparada para celebrar que nos hemos librado de otro concursante rápidamente." 
Siguieron más adelante a una avenida donde todos los árboles tenían sus hojas de oro, y por último a una tercera en que las tenían de diamante. Él corto una ramita de cada clase, las que también hicieron un gran estruendo al quebrarse, y que aterrorizaron aún más a la más joven, pero la mayor insistía en que eran saludos de bienvenida.
Luego llegaron a un gran lago donde se encontraban doce botes, y en cada bote estaba sentado un apuesto príncipe, quienes esperaban por ellas, y cada princesa se subió al bote de su correspondiente príncipe. El soldado con la capa invisible se sentó en el bote de la más joven.
Entonces su príncipe dijo:
-"No sé por qué, pero siento al bote más pesado que de costumbre. Tendré que remar con todas mis fuerzas para atravesar el lago."-
-"¿Y qué podría ser la causa?"- preguntó ella, -"¿será acaso el tiempo caliente? Hoy siento mucho calor."-
Al lado opuesto del lago se presentaba un espléndido castillo de luces brillantes, donde resonaba música deleitante de trompetas, panderetas y tambores. Todos bajaron allí, entraron y cada príncipe danzó con la joven de su preferencia, y el soldado se mezclaba entre los danzantes sin ser visto, y cuando alguna de ellas tenía una copa de vino en su mano, él la bebía, de modo que cuando ella iba a beberla, ya estaba vacía. La menor estaba bien alarmada por todo eso, pero la mayor siempre la obligaba a callar. 
Ellos y ellas bailaban hasta las tres de la mañana, cuando ya todas las zapatillas tenían sus suelas llenas de huecos, y se veían forzadas a regresar. Los príncipes las acompañaron remando en sus botes, pero esta vez el soldado se montó en el bote de la mayor. Cuando atravesaron el lago, ellos las ayudaron a bajar de los botes y prometieron regresar a la noche siguiente. 
El soldado se adelantó a todas ellas y subió de prisa las gradas y se acostó en su cama. Cuando las princesas llegaron despaciosa y silenciosamente, lo observaron aparentemente bien dormido, y roncaba tan fuerte que se dijeron:
-"En cuanto a él concierne, podemos estar tranquilas."-
Ellas se cambiaron sus trajes por su ropa de dormir, pusieron sus zapatillas desgastadas bajo las camas, y se acostaron a dormir. Al día siguiente el soldado decidió no hablar aún, pero sí a vigilarlas de nuevo, y sin que lo vieran, las acompañó. Y todo sucedió como la noche anterior, y bailaban hasta que sus zapatillas quedaban desgastadas. Pero a la tercera noche el se guardó una copa como testimonio.
Cuando llegó el momento de dar su informe, él tomó las tres ramas y la copa, y fue donde el rey. Las doce doncellas permanecieron detrás de la puerta para escuchar lo que él diría. El rey preguntó:
-"¿En dónde has estado mis hijas desgastando sus zapatillas bailando?"-
El soldado contestó:
-"En un castillo bajo la tierra, con doce príncipes."-, y relató cómo sucedió todo, y cómo trajo las muestras de testimonio. 

El rey llamó a su presencia a las princesas y les preguntó si el soldado había dicho la verdad. Al ver ellas las pruebas contundentes, y que cualquier falsedad no tendría cabida, se vieron obligadas a confesarlo todo. Entonces el rey le preguntó al soldado cuál preferiría por esposa, él contestó:
-"Ya no soy tan joven, así que escojo a la mayor."-
Y ese mismo día se celebró la boda, y se formalizó la promesa de dejarle el reino a su fallecimiento. A solicitud del soldado, el rey liberó de su condena a los que con anterioridad habían intentado descubrir el misterio pero que fallaron. 


Enseñanza:

Teniendo precaución y con las herramientas adecuadas, las tareas se pueden realizar exitosamente.